Hablan las hijas: Un llamado a la insurgencia

Con mis hijos no te metas es, tal vez, la iniciativa de adoctrinamiento más organizada y de características fundamentalistas que quienes nacimos en los años noventas podemos recordar. En 1993, año en que las coordinadoras de Serena Morena nacimos, el líder del grupo terrorista Sendero Luminoso, el construido como demonio del siglo pasado, llamado Abimael Guzmán, alias “El cachetón”, ya estaba preso. Vivimos el auge de la falsa paz. Vimos también el juicio televisado al supuesto pacificador, Alberto Fujimori. Nos contaron que con esto algo había regresado a la normalidad. Pensamos que tenían razón.

Tuvieron que pasar algunos años para que descubramos que no.

Digamos que la violencia que debemos interpretar en la actualidad no tiene como emblema la transformación del paradigma sociopolítico o económico, como lo fue durante la guerra interna. Ni el ensañamiento de los que supuestamente venían a devolver la paz, por las buenas o por las malas, y -como es fácil suponer- fue por las malas.

Digamos que, en la actualidad, la guerra que debemos librar tiene rostros próximos, cotidianos y de prácticas que estimulan la cultura que validan nuestras muertes, aquellas que disputaron su lugar en el código penal bajo el nombre de feminicidio. Que los tiempos sean menos violentos, no significa que los tiempos no sean violentos. Que formalmente no exista el toque de queda, no significa que la subjetividad femenina no permanezca en estado de sitio.

Existe una guerra subjetiva y física en contra de las mujeres. Un terrorismo machista, con víctimas y perpetradores. Con cifras. Con conductas y estrategias. Una guerra, pues, que fluctúa entre el silencio y el escándalo. Y a la que la sociedad peruana atiende, casi exclusivamente, cuando habita ese segundo ítem. Tienen que televisarse episodios de escalofriante ensañamiento para que sintamos la gravedad del problema.

Recordemos el caso de Jimena, la niña de 11 años que fue secuestrada al salir de la comisaría de Canto Rey, en San Juan de Lurigancho, lugar al que acudía a recibir cursos de vacaciones útiles. La vicepresidenta de aquella época, Mercedes Aráoz, se reunió con la madre de la menor para expresarle sus condolencias. En la fotografía emblemática que escenifica este encuentro, la madre de Jimena -una mujer pobre- abraza a la ex vicepresidenta, quien proviene de los sectores más acomodados (y poderosos) del país. La foto que se hizo viral, muestra a Mercedes Aráoz llorando desconsoladamente. De la madre de la menor, apenas distinguimos la espalda. Ambas se unen en un profundo abrazo. Este símbolo resulta relevante para comprender la preponderancia de los roles y sus significados. ¿Quién salió ganando con esa fotografía? ¿Quién demostró su sensibilidad como mujer-que-hace-política? ¿Luego del rédito que estos actos de empatía perfectamente asesorados, existe más?  A todo esto, la madre de Jimena -que es mucho más que una víctima o que una espalda e incluso que una madre- se llama Diana Ruiz.

Las últimas protestas en Ciudad de México de este año nos mostraron a mujeres dispuestas -casi literalmente- a quemarlo todo en búsqueda de verdad, justicia y reparación. Asimismo, las movilizaciones en Buenos Aires durante el debate por la despenalización del aborto, también demostró la defensa masiva del derecho de las mujeres a abortar. En este punto, resulta particularmente conmovedora la participación de las alumnas del Colegio Nacional de Buenos Aires, quienes denunciaron , al leer el discurso de graduación, las distintas experiencias de acoso y violencia experimentadas durante sus años como escolares. El texto que leyeron, donde denunciaban haber sufrido acoso de parte de profesores y alumnos, repercutió en los demás países latinoamericanos, incluido el Perú. Ellas vestían formalmente -recordemos que se estaban graduando- pero adornaban sus atuendos con el pañuelo verde, símbolo de la lucha por la despenalización del aborto en Argentina y América Latina.

Nosotras, reconociendo la poca información recibida en torno a nuestros cuerpos. Adoctrinadas en el SÍ perpetuo que el catolicismo y los evangélicos tatuaron en nuestras lenguas. Decidimos, tras intensas reflexiones acerca del sentido de nuestras convicciones, compartir el conocimiento que se le mezquina a las niñas, adolescentes y jóvenes en una Escuela de Formación Política en Aborto que ocurrió en Lima en el mes de setiembre del año 2019.

Tal acción se sostiene en antecedentes. Un día de Mayo decidimos tomar la plaza San Martín y brindar información relacionada a la sexualidad placentera, al consentimiento y al aborto seguro en un formato de taller público. Realizamos estos encuentros a los que bautizamos como “Sexualicemos” en distintos lugares y ciudades entre el 2017 y 2019. Todo ese conocimiento que se nos negó o al que en aquellos años adolescentes tuvimos acceso gracias al Internet. Y ya sabemos que no todo lo que brilla es oro ni todo lo que sale en la web, cierto.

De un tiempo a esta parte consideramos la necesidad de escuchar seria y afectivamente a las adolescentes. Lograrlo fue una experiencia impresionante. Nos reunimos con grupos de escolares que cuestionaban la estructura en la que estaban inmersas. Que habían tenido o estaban próximas a tener -o conocían a alguien que ya tenía- relaciones sexuales. En sus colegios, incluso en estos tiempos, hay maestras que les recomiendan el celibato. La sexualidad continúa siendo un tema incómodo.

Durante años universitarios -2013 o tal vez 2014- en una triste pero progresista universidad jesuita, solicitamos autorización para realizar un evento en el que brindaríamos información relacionada a la educación sexual. Además, dijimos, pensamos repartir condones. La progresista universidad jesuita se sintió seriamente angustiada. ¿Condones? ¿Con…con…condones? No está permitido, anunciaron. Porque hay jóvenes que recién han ingresado. Eso significa que muchos de ellos tienen 17 años. Y no podemos, no podemos darles ni decirles eso, dijeron. Sus padres se pueden quejar.

Hace un par de años el Ministerio de Salud (Minsa). junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), informó que el 40% de menores de 15 años en el Perú tiene relaciones sexuales y que menos de la mitad usó algún tipo de anticonceptivo.

El llamado a la insurgencia es el siguiente: Las mujeres arrastramos una cadena de violencias. Una hondonada de decisiones externas de las que fuimos y somos artistas secundarias pero víctimas principales. Abracemos nuestras vidas. Informémonos y compartamos lo aprendido. Creemos Escuelas. No subestimemos la sabiduría de las niñas. No pensemos que sus cuerpos nos pertenecen. Por más que sea tu hijo. Justamente, de eso se trata el propósito de vincularnos con adolescentes y jóvenes e informarles acerca de sus derechos sexuales y reproductivos. Que con tus hijos, no te metas.

Artículo final en el marco de la subvención otorgada por Clacai a Serena Morena.