Más de 24% de los abortos practicados en la CDMX provienen del Edoméx

Marcela y Rosa no son familia, ni siquiera se conocen, pero las unen dos situaciones, ambas viven en el municipio de Tlalnepantla, en el Estado de México, y se trasladaron hace dos años a la Ciudad de México, para practicarse una Interrupción Legal del Embarazo (ILE).
La primera lo hizo, porque consideró que, a sus 19 años, no podría sacar adelante a su bebé, luego de que su pareja decidiera no hacerse cargo de la responsabilidad y “ya me había ocasionado problemas con mis padres”, señala.

En el caso de la menor con nombre de flor, durante 12 meses fue violada sistemáticamente por su padre, quien la embarazó y luego de interponer una denuncia por estos hechos, junto con su madre, tomó la decisión de no tener el bebé; situación que, en principio, no pudieron llevar a cabo en su municipio de origen porque en el Estado de México no está legalizada está práctica y, en lugares donde se realiza de forma clandestina, encontraron pocas condiciones salubres que sirvieran en el procedimiento y además les generaría un costo que no podían solventar.
Este tipo de decisiones se han vuelto comunes en las poco más de 13 clínicas especializadas que existen en la Ciudad de México y que, a partir del 2007, con la modificación al Código Penal y a la Ley de Salud, practican el aborto, luego de que éste fuera despenalizado, teniendo como margen 12 semanas de gestación.
Según el reporte más reciente del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), hasta el 31 de octubre de este año, 168 mil 71 mujeres de distintas partes de la República mexicana y extranjeras han acudido a la entidad para interrumpir su embarazo. De ellas, 72.5 por ciento son de la capital del país, mientras que 24.1 por ciento provienen de municipios mexiquenses y 3.3 por ciento del resto de México y de otras partes del mundo.
Las edades en las que se solicita más una ILE, son de los 18 a los 24 años, con 47.3 por ciento de los casos, y de los 25 a los 29 años de edad, con 22.5 por ciento. El 34.5 por ciento se trata de mujeres que no han tenido hijos, seguidas de 26.4 por ciento de quienes sólo tienen un hijo.
En cuanto al grado de escolaridad, se estima que cuatro de cada 10 estudiaron el nivel bachillerato, 32.9 por ciento cuentan con secundaria y 17.3 por ciento dijeron haber estudiado como mínimo el nivel universitario.
Dentro de las cifras del GIRE, el 32.2 por ciento de mujeres que se practicaron un aborto ocuparon posteriormente como método anticonceptivo, implantes, óvulos o parches, mientras que 22.4 por ciento prefirieron el Dispositivo Intra Uterino (DIU).
El promedio de semanas en el que tomaron la decisión de no tener el producto, fue de siete semanas, con 21.3 por ciento de los abortos, seguido de entre ocho y seis semanas. Un dato relevante es que sólo 6.1 por ciento se han realizado más de una interrupción.
En la capital mexicana se han hecho 10 mil 633 procedimientos a menores de edad, lo que representa el 6.3 por ciento al corte de octubre de este año, y durante el mismo periodo se tiene conocimiento que 38 personas dedicadas al aspecto médico y enfermería, en promedio, laboraron en el sistema hospitalario local para hacer éstos.
Este semanario solicitó entrevista y datos actualizados del sistema de salud de la Ciudad de México, sin que, al momento, se haya recibido respuesta.
II. Una vida acomodada
Elena asegura pertenecer a una familia “acomodada”, en la que no hace falta nada. A sus 17 años, está acostumbrada a que sus padres le brinden todo lo que requiere, incluso, apoyarla y acompañarla a que se practique un aborto, pues Héctor, su novio y con quien llevaba tres años de relación, le había dicho que quería formar una familia. Apenas se enteró del embarazo, salió huyendo, al alegar que estaba muy joven para esa responsabilidad.
La joven, de Naucalpan, decidió hablar con sus padres sobre esta situación, quienes decidieron acompañar a su hija a practicarse un aborto a la Ciudad de México, porque consideraban que su hija aún era una niña y que no sería bien visto por la familia, ni por sus amigos.
El aborto se divide en dos, el espontáneo y el inducido o provocado; este último ocurre cuando las mujeres toman medicamentos de venta libre y, dependiendo de la dosis ingerida, en un promedio de 24 a 72 horas expulsan el producto.
En el Estado de México, como no está permitido el aborto, decenas de mujeres van cada año a la Ciudad de México, donde en el sector salud, excepto el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se les atiende y receta medicina para inducir el aborto clínico y, al regresar a su lugar de origen, una vez que comienzan con sangrado, pueden acudir a cualquier unidad de salud pública para ser atendidas.
Entre los riesgos que puede enfrentar una mujer am realizar esta práctica en una clínica clandestina, está el que la persona que la atienda no tenga conocimientos especializados, por lo que puede perforar su útero, una visera o que se le salga de control un sangrado y una consecuente hemorragia, lo que, en la menor de las consecuencias, llevaría a la pérdida de la matriz y, en casos extremos, hasta arrancarles la vida.
Registros del IMSS señalan que, actualmente, las adolescentes de entre 13 y 16 años de edad, son quienes más recurren al aborto, aun cuando clínicamente está comprobado que antes de los 21, el organismo de la mujer aún no tiene la madurez en todos sus sistemas, aun así, posteriormente pueden llegar a embarazarse sin complicaciones, siempre y cuando lo lleven de la manera correcta.
En el mercado, existen al menos cuatro medicamentos que si bien no son hechos para abortar, sí inducen al legrado, por lo que, desde el punto de vista de la doctora Ábrego García, se debería legislar para que sean vendidos bajo control.
Finalmente, tan solo en la clínica 251 del IMSS, ubicada en Toluca, ocho de cada 100 mujeres que ingresan al área de gineco-obstetricia lo hacen para practicarse un aborto.
Información tomada de http://www.hoyestado.com/
Source: Diciembre 2016