"Consentí un aborto y ahora sufro las consecuencias… no podré ser madre biológica"

Rosaura fue condenada a tres años de prisión, cambiado por medidas sustitutivas, y como consecuencia del aborto su utero fue roto y extraído. El usurpador que le practicó el aborto fue condenado a doce años de cárcel por ejercicio ilegal de la profesión.

Acostada sobre una camilla, Rosaura se encontraba confundida. Lloraba, pero no podía echarse para atrás. Había tomado la decisión y en ese momento le parecía irreversible. El aborto iba.

 

Cuando el “Doctor Raúl”, que en realidad era un usurpador del ejercicio de la profesión médica le dio las dos pastillas de misoprostol le dijo que se acostara y que le avisara cuando comenzara a sentir que su cuerpo quería expulsar el feto.

Era julio del año 2005 y  Rosaura recién acaba de cumplir los 18 años y tenía dos meses de embarazo. Su novio negó que él fuera el responsable del embarazo a pesar de que había sido la única persona con la que Rosaura había tenido relaciones sexuales.

 Sus padres residían en Estados Unidos  desde que ella era una bebé, por lo que ya eran residentes y habían logrado tramitar los documentos para llevársela a vivir con ellos. En el país Rosaura vivía con sus abuelos paternos.

Conoció a Mario en el colegio, donde fueron compañeros desde séptimo grado. Se hicieron novios y comenzaron a tener relaciones sexuales de manera ocasional desde  cuando ambos tenían apenas 17 años. Ninguno se protegía, pero la joven siempre se tomaba la pastilla del día después aconsajada por el mismo Mario.

 Alguna vez se le olvidó tomarse la pastilla y en junio de 2005 se dio cuenta que tenía seis semanas de embarazo. Se asustó porque pensó que ya no podía irse para Estados Unidos ni terminar su tercer año de bachillerato en contaduría. Más aún tuvo miedo porque Mario negó que el fuera el responsable y terminó con ella la relación de “noviazgo”.

Rosaura tenía una “amiga” oriunda de Cuscatlán, a quien confió lo del embarazo.  La compañera de estudio averiguó que en Cojutepeque había una “clínica” donde “se decía que praticaban abortos consentidos”.

 Un lunes de julio Rosaura y su compañera no fueron al colegio y se fueron a Cojutepeque a la “clínica del Dr. Raúl”, donde las recibió aquel hombre de voz pausada que las hizo pasar a un “consultorio”. Luego de contarle sus intenciones, les dijo que cobraba $300 en efectivo si eran menos de ocho semanas de embarazo.

 Rosaura tenía dinero ahorrado para su graduación e hizo cita para dentro de una semana. El usurpador le dio algunas recomendaciones dietéticas y le dio una pócima para que se la tomara todas las mañanas. El día convenido llegó, Rosaura y su compañera llegaron al consultorio que el “Dr. Raúl” tenía en la colonia Santa Clara, del barrio San Jacinto, en San Salvado. En realidad era una cochera  amplísima donde yacía una camilla, dos sillas y algunos insumos médicos. Parecía un taller de mecánica.

El hombre le dio dos pastillas de misoptostol (cuya función es dilatar el útero para ayudar a la expulsión del feto o del niño, si es que está a punto de nacer) y le dio a consumir un líquido gelatinoso que  le supo amargo. Una hora después la revisó y le inyectó una sustancia que hizo que la joven se relajara. Con ayuda de una espátula el falso galeno extrajo el feto, luego de lo cual Rosaura se durmió profundamente y despertó hasta seis horas después.

Cuando despertó los dolores eran intensos y el “Dr. Raúl” le dijo que eran normales y que se tomara algunas pastillas que el mismo le dio. Su amiga ayudó a llevarla a su casa en Antiguo Cuscatlán.

 Tres días después Rosaura no dejaba de sangrar y de sentir fuertes pulsaciones. Su amiga habló a la clínica del “Dr. Raúl” pero nadie contestaba. Esa semana la Policía Nacional Civil desmanteló una red de chantajistas entre los que se encontraba el “Dr. Raúl” acusado de ejercicio ilegal de la profesión médica y de estafa, por lo que fue condenado a finales de 2005 a 14  años de cárcel.

Rosaura fue a pasar consulta con una ginecóloga que tras ayudarla a poner la denuncia en la Fiscalía, le explicó lo que había ocurrido. El usurpador le había roto el útero y le había dejado restos de placenta, por lo que tenía que practicarle una histerectomía (sacarle el útero), con lo cual ella iba quedar estéril para siempre. De lo contrario se moría.

 Sin más opción la joven se sometió a la intervención médica y posteriormente su testimonio sirvió para lograr la condena, mientras que a ella misma se le abrió un proceso judicial por aborto consentido y fue condena a tres años de prisión, delito que le fue cambiado por medidas sustitutivas.

La pena ya la cumplió. Ahora a sus 23 años sabe que nunca podrá ser madre biológica y vive arrepentida de haber permitido el aborto. Sus padres en Estados Unidos se dieron cuenta de todo y decidieron ya no llevársela hasta que termine su carrera en el país, donde estudia idioma inglés.

“Me arrepiento, tomé una estúpida decisión porque me asusté y las consecuencias fueron fatales. Ya no podré ser madre, es lo peor que me ha pasado en la vida”, dice, mientras sus ojos brillan al asomar las lágrimas.

Delmy Anzora, fiscal de la unidad antihomicidios de la Fiscalía General de la República, sostiene que el Código Penal de El Salvador sanciona hasta con un máximo doce años de prisión a quien provoca un aborto toda vez que sea profesional en ejercicio. La pena máxima para quien con consentimiento permite o realiza un aborto es de hasta diez años.

En el país el Código Penal sanciona todo tipo de aborto, aunque este sea terapéutico. De hecho la pena mínima es de dos años en caso de la mujer que lo permite. El aborto culposo es sancionado con una pena mínima de seis meses de prisión que en toda situación es cambiada por medidas sustitutivas.

El Código Penal contempla desde el artículo 133 hasta el 137 los diferentes tipos de aborto y las diferentes penas. “Todo tipo de aborto es sancionado y penado”, dice Anzora, al hacer referencia que se castiga tanto al que da el consentimiento como al que lo realiza.

La doctora Wendy Hernández de Rodríguez, dice que médicamente un caso es aborto cuando se produce la extracción del feto, por cualquier vía, antes de las doce semanas de concebido.

Es aborto independientemente de si el feto es destrozado con algún objeto y extraído vía vaginal o si se provoca que salga a través de medicamento.

Según la doctora de Rodríguez el misoprostol es de uso restringido en los hospitales, pero el problema es que en algunas farmacias se adquiere sin prescripción médica. Se utiliza exclusivaente para ayudar a facilitar el nacimiento, pero quienes practican abortos ilegales lo utilizan para tal fin.

La posición de la ONU

El Salvador es uno de los cuatro países latinoamericano en donde no se permite el aborto por ninguna razón, ni siquiera por  motivos terapéuticos.

En ese sentido el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que monitorea el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, calificó de “inaceptable”, la penalización absoluta del aborto en El Salvador, en la sesión realizada en Ginebra, Suiza.

El informe fue presentado en la centésima sesión del Comité, el cual está conformado por 18 especialistas, quienes esperan que El Salvador priorice mayor apertura para discutir este tema en beneficio de los derechos de las mujeres.

El informe fue presentado a la ONU por la Agrupación Ciudadana por La Despenalización del Aborto Terapéutico, IPAS, MADRES y Woman’s Link World Wide.

El Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, CLADEM, también presentó otro informe sobre el tema

Según denuncian estas organizaciones el Estado Salvadoreño no ha realizado ninguna investigación o divulgado alguna información sobre el número de abortos anuales que se realizan en el país, ni sus condiciones, a pesar de las recomendaciones emitidas por el Comité de Derechos Humanos y otros como el Comité CEDAW.

 Actualmente hay organizaciones que apoyan el aborto, al menos en niveles terapeúticos, pero también hay quienes so oponen a toda forma de aborto.

Quienes apoyan lo hacen amparados en que las mujeres como dueñas de su cuerpo pueden decidir sobre él, pero quienes lo rechazan sostienen que desde e momento de la concepción hay vida y que provocar un aborto es cometer un homicidio.

 Para Rosaura, que nunca podrá ser madre biológica, se hace necesario que haya un debate sin pasionismos, para que en El Salvador no haya más casos como el de ella. “Si me hubieran dado educación sexual, si hubiese recibido atención médica adecuada, si me hubieran orientado, las cosas ahora fueran distintas para mí.  Consentí un aborto y ahora sufro las consecuencias, no podré ser madre biológica ”, dice, mientras sus ojos brillan con las lágrimas que asoman y le recuerdan la angustia de un aborto.

Fuente: http://www.lapagina.com.sv/

 

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Source: Octubre 2010