ARGENTINA

09 Septiembre 2015 By In Iniciativas 2015

Organización: Católicas por el Derecho a Decidir - Argentina
Proyecto: Aborto legal en el marco de la relación médico-paciente

Artículo resumen del proyecto

Soledad Deza[1]

Desde tiempos inmemoriales, con variada intensidad según las culturas y las épocas, el saber médico ha monopolizado el discurso legítimo sobre el cuerpo: enfermedad, curación, higiene, reproducción y normalidad de la dimensión física del ser humano, son conceptos que vienen históricamente definidos desde la medicina. Desde la antropología médica se señala que “
el sistema médico no sólo se arroga el conocimiento verdadero sobre el ámbito de la corporalidad, sino que demás, actúa como un poderoso sistema de socialización que exige conformidad respecto de su conceptualización del mundo e impregna con sus imágenes y sus definiciones la cultura popular de las sociedades occidentales”[2].

 

En el modelo biomédico, la mirada del galeno –reproducida en escala en el mismo sistema médico- construye la idea de “salud” bajo parámetros biologicistas que interpretan la enfermedad como “desviación de la norma biológica”[3], por ello “curar” se identifica, en general, con la idea de normalizar o volver a la normalidad.  Las ciencias de la salud -la medicina en mayor medida entre ellas- son una herramienta potente de disciplinamiento social y su impacto en el plan de vida de las personas será distinto según el modelo de atención que se promueva.

Si bien nuestro modelo de atención está migrando de la beneficencia a la autonomía, frente a la atención de la salud sexual y reproductiva de las mujeres–principalmente aquella que busca información y provisión de insumos o atención sanitaria destinada a  la no reproducción – el modelo médico se vuelve notoriamente paternalista[4]  y poco respetuoso de la autonomía de las mujeres. En especial en casos de ILE (interrupción legal de embarazo) las usuarias enfrentan duras resistencias que transitan desde la objeción de conciencia, hasta el maltrato y la violencia misma.

Al mismo tiempo, desde que se dictara el fallo F.A.L[5] persiste la duda en el imaginario social acerca de la vigencia de la prestación médica de ILE, en relación a la existencia –restrictiva o no- o inexistencia de Protocolo o Guía.  En Tucumán, se dictó en 2.014 una Resolución en la cual señeramente se indica que “el deber de los médicos de realizar este tipo de práctica  se ciñe a normas generales de la práctica médica…obligaciones lex-artis” por lo cual son independientes de la existencia de Protocolo o Guía[6].

Ahora bien ¿Cuál sería esa lex artis? Por un lado, las normas legales que rigen la relación médico-paciente que se entabla cada vez que se inicia una consulta que tiene que ver con la atención de la salud y aquellas que norman el ejercicio de las profesiones. Por otro lado, también las normas éticas que sirven de guía rectora para las buenas prácticas en materia de salud.

El Proyecto se centró en la confección de una Cartilla destinada a usuarias de la salud, centrada en la necesidad de difundir que el pedido de ILE se enmarca en una relación médico-paciente, aún cuando no haya enfermedad. Y que por eso mismo, al igual que toda consulta de salud, está protegida por los derechos contemplados en la ley Nº 26.529[7] que asegura: el respeto por la autonomía[8], la intimidad y la confidencialidad[9] de la mujer; la obligación profesional  de brindar información[10] y asistencia[11] sanitaria – y el derecho de la paciente a exigir su cumplimiento- y la obligación de que toda la consulta se realice acompañada de un trato digno y respetuoso[12] de las creencias de la mujer.

También existen otras normas que construyen la noción de “lex artis” en una consulta de aborto. Entre ellas,  la ley Nº 17.132 que rige el ejercicio de la medicina[13], la obligación genérica de no dañar que proviene del art. 1109 del Código Civil, la responsabilidad penal para casos que la mala atención o la denegatoria de atención, devengan en lesiones o muerte de la mujer, la responsabilidad por incumplimiento de deberes de funcionario público contenida en el art. 248 C.P y la responsabilidad por falta de servicio cuando el/la profesional que deniega un aborto legal, sea agente estatal.

También se incluyeron la obligaciones éticas que tienen los efectores de la salud, dado que ellas también son exigibles a la hora de fijar un estándar de calidad de atención. En el marco de una sociedad pluralista, la bioética, el derecho y los diversos sistemas morales se recortan y se influencian recíprocamente para formar una plataforma de normas que informan desde distintas miradas, pero con igual incidencia, la atención de la salud.  En temas como el aborto, cobra importancia este diálogo entre disciplinas. De modo clásico, se define a la bioética como "el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, examinada a la luz de los valores y de los principios morales"[14]. Desde la bioética principalista, se enseña que existen principios que deben guiar la atención de la salud y la atención de ILE, no está exenta.

El principio de la autonomía indica al profesional  el deber de respetar las opiniones y elecciones de las pacientes,  en tanto sujetas morales capaces de actuar con conocimiento de causa y sin coacción. El respeto de la autonomía es central en cuestiones que involucran la decisión de abortar porque reconoce la capacidad moral de las personas para auto-determinar su plan de vida según sus propias convicciones y libertad de conciencia. Y requiere a la vez de otros principios como el de la equidad, que indicará poner atención a los “determinantes sociales”[15] (v. gr etnia, orientación sexual, edad, educación, etc) que se superponen –o pueden hacerlo- en cada mujer.  El principio de beneficencia indica a el/la profesional extremar los beneficios –potenciales y reales- para la paciente y minimizar los riesgos. El principio de no maleficencia  indica la obligación de abstenerse de actuar de forma dañina para la paciente. Y el principio de justicia que impone imparcialidad en la redistribución de recursos en materia de salud[16].

Y la atención de ILE necesita de todos ellos, pero por sobre todo, precisa mucho del principio de autonomía para que la paciente sea verdaderamente “soberana” como establece el Decreto Nº 1089/12 que reglamenta la ley 26.529.

A menudo las usuarias no se reconocen acreedoras de conductas debidas de parte de quienes les brindan asistencia sanitaria y por lo mismo, carecen muchas veces de herramientas para demandar aquellos derechos que la ley les acuerda y aquella calidad de atención  que los efectores de salud les deben. A menudo se desconocen como agentes morales autónomas y como dignatarias de respeto por su auto-terminación para decidir interrumpir un embarazo forzado o riesgoso. Por lo mismo, a menudo desconocen que pueden exigir a los/as médicos/as la prestación médica. A menudo desconocen que quien las atiende tiene obligación de brindarles información clara, completa y basada en la evidencia científica. Desconocen también a menudo que tienen derecho a conocer sus alternativas terapéuticas para poder elegir de forma libre y autónoma el curso de acción que crean más conveniente para sí. A menudo las usuarias desconocen que sus conciencias valen tanto como las de quienes se les declaran “objetores/as de conciencia”, por eso es común que no presenten reparos al trato indigno e irrespetuosos que ellos/as les proveen. Y a menudo la intimidad/confidencialidad de las usuarias está devaluada por la vergüenza que les ocasiona la censura moral de sus médicos/as que –abierta o veladamente- además de hacerles “mendigar” el aborto legal, hacen de su cuadro clínico la comidilla de la Institución.

El derecho es “control social”[17]. A través del derecho se regulan las conductas de hombres y mujeres hacia un determinado modelo de convivencia y se modelan las identidades de forma tal, que respondan a las funciones ideológicamente asignadas a hombres y mujeres en un contexto determinado. Pero el derecho también puede erigirse en una herramienta de cambio, en una punta de lanza que en manos de quienes la necesitan.

Por ello, en el marco de un proyecto financiado por CLACAI, poder producir un insumo[18] de lectura llana destinado a empoderar a las mujeres sobre sus derechos y sus potestades para afianzar la soberanía de sus procesos reproductivos, es central para lograr concientizar a las actoras del ILE acerca de que el aborto cuando es legal no se mendiga, se exige.



[1] Abogada activista por los derechos de las mujeres. Magister en Género, Sociedad y Estado (FLACSO) e Integrante de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina.

[2] Imaz, Elixabete (2010) “Entre ginecólogas y matronas” en “Antropología, Género, Salud y Atención” (Esteban, Comelles y Diez Comp). Ed. Bellaterra. Barcelona

[3] Blázquez Rodriguez, Maribel (2010) “Del enfoque de riesgo al enfoque fisiológico en la atención del embarazo, parto y puerperio”. en “Antropología, Género, Salud y Atención” (Esteban, Comelles y Diez Comp). Ed. Bellaterra. Barcelona

[4] Modelo Hipocrático o Sacerdotal de atención sanitaria: Este tipo de relación es de corte paternalista y presupone una dinámica centrada en las competencias de el/la facultativo/a, quien está -en términos de saber - mejor posicionado/a para la toma de decisiones beneficiosas para la salud. Privilegia el principio de la beneficencia –directriz bioética que indica al profesional llevar a cabo todo aquello que directa e indirectamente beneficie a su paciente- por sobre el de autonomía –directriz bioética que indica al profesional que la toma de decisiones es parte del autogobierno y la soberanía de la persona- lo cual,  no siempre lleva a obtener como resultado una mejora de la salud integral y tampoco para el/la paciente. En este modelo la toma de decisiones está casi enteramente a cargo de el/la médico/a y es por ello que su poder se incrementa asimétricamente. Ello se debe,  para Arleen Salles a tres motivos: a) el dominio del conocimiento científico y la experiencia terapéutica del profesional; b) la supuesta falta de objetividad de el/la paciente, quien por su dolencia, se presume incapaz de tomar decisiones razonables para sí y c) la imagen social del médico/a como desinteresado/a, altruista y absolutamente dedicado/a a su paciente y éste último a su vez, dependiente e indefenso/a. El/la médico es prácticamente “un guardián de la salud del paciente”. La atención que favorece este modelo, es netamente biologicista y se enfoca casi exclusivamente en la enfermedad, más que en la persona enferma que se transforma en objeto de atención, más que en sujeto de la relación. Supone un alto grado de beneficencia que valida la agencia moral del médico por  considerarla mejor calificada e implica prácticamente “la abdicación moral del paciente”. Conf. Salles, Arleen (2008) “La relación medico-pciente” en “Bioética: nuevas reflexiones sobre debates clásicos”.  Florencia Luna y Arleen Salles (Eds).  Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. P. 143

[5] CSJN in re “F.A.L s/Medida Autosatisfactiva” del 12/03/2012

[6] Fallo “Personal del Instituto de Maternidad s/Aborto, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público”. Expte. Nº 16634/13. Fiscalía en lo Penal de Instrucción de la VI a. Nominación.

[7] Ley de los “Derechos de los Pacientes en su relación con los profesionales e Instituciones de Salud” y su Decreto Reglamentario Nº 1089/12.

[8] Art. 2 inc. e de la ley 26.529. También ver Decreto Nº 1089/12.

[9] Art. 2 inc. c y d de la ley 26.529. También ver Decreto Nº 1089/12.

[10] Art. 2 inc. f y art. 3 y 4 de la ley 26.529. También ver Decreto Nº 1089/12.

[11] Art. 2 inc. a de la ley 26.529. También ver Decreto Nº 1089/12.

[12] Art. 2 inc. b de la ley 26.529. También ver Decreto Nº 1089/12.

[13] El art. 40, por ejemplo,  indica la responsabilidad de los Directores de las Instituciones por los incumplimientos legales que se produzcan en su Servicio.

[15] OMS “Determinantes sociales en salud”. Disponible en http://www.who.int/social_determinants/es/

[16] Beauchamp TL y Childress JF (1999) "Principios de Ética Biomédica". Ed. Masson. Barcelona

[17] Raffin, Marcelo (2006) “Transmutaciones del horizonte jurídico de la posmodernidad” en “Materiales para una teoría crítica del derecho”.  Ed. La Ley. Buenos Aires.  p. 331

[18] “Podes abortar con Derechos: ¡ENTERATE!” en el marco del Proyecto “Aborto en la relación médico paciente” presentado por Católicas por el Derecho a Decidir y elegido por CLACAI. 

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