Prohibir el aborto

Emily Letts

Prohibir el aborto para proteger a las que abortan

Existen múltiples argumentos para prohibir el aborto. En México, el que más se ha utilizado en tiempos recientes es el relativo a la protección de la vida prenatal, que parte de la noción de que desde que el óvulo queda fecundado existe un ser humano (si bien sólo le falta desarrollarse). Debido a esto, según esta postura, el aborto es equivalente al homicidio, a la privación de una vida. Esta es la lógica detrás de las múltiples reformas a las constituciones estatales en México (de las cuales la más reciente es laaprobada en Nuevo León) y es la que se ha presentado en la mayoría de los casos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha resuelto en la última década en torno al tema. (Argumento, por cierto, que rechazó en la Acción de Inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, en la que determinó que la despenalización del aborto en el primer trimestre del embarazo en el Distrito Federal era constitucional).

Pero existe otro argumento que, al menos en Estados Unidos (un país obsesionado con el debate sobre el aborto desde Roe v. Wade, el fallo de 1973 de la Suprema Corte en el que determinó que sería inconstitucional no permitir la interrupción del embarazo en un periodo determinado) ha adquirido fuerza: es necesario prohibir el aborto para proteger a las mujeres.

En “La nueva política sobre el aborto: un análisis desde la igualdad de las restricciones al aborto que protegen a las mujeres”, Reva Siegel rastrea y analiza los argumentos que sostienen esta postura. Se concentra en aquellos presentados en el 2006 en el estado de South Dakota, en el que se buscó prohibir el aborto en todos los casos, salvo cuando fuera necesario para salvar la vida de la mujer (iniciativa que fue derrotada, por cierto). Para justificar esta regulación, sus proponentes sostuvieron que había que prohibir el aborto para proteger a las mujeres de la coerción y el engaño a los que muchas veces eran sometidas. Las mujeres, bajo esta lógica, no estaban “eligiendo” los abortos, porque no contaban con la información suficiente sobre lo que implicaba el procedimiento. Las clínicas a las que acudían, además de no decirles que estarían “terminando una vida”, pintaban al procedimiento como algo que implicaría la simple remoción de un “tejido”.

El problema adicional con el aborto, para los que sostienen esta visión, se deriva de los daños que le causa a las mujeres en sus cuerpos y psiques. Por abortar, argumentaron, las mujeres padecen una serie de desórdenes mentales, que van desde la bipolaridad, la depresión neurótica y psicótica, la esquizofrenia, la culpa, el enojo, el estrés postraumático y hasta el suicidio. Las mujeres que abortan son más propensas a abusar de sustancias y a tener problemas sexuales y en sus relaciones afectivas, incluidas las filiales. Todo esto se afirmó, contradiciendo la vasta investigación en la materia producida por entidades como la Asociación Americana de Psicología (APA).

En el último informe que liberó la APA en torno a este tema, revisó estudios publicados entre 1989 y 2008 preocupados por entender la correlación entre el aborto y la salud mental de las mujeres. La mayoría de estos estudios tenían problemas metodológicos serios, por lo que de ellos no se podían derivar conclusiones sólidas en torno a la relación que pretendían establecer (aquella entre el aborto y los desórdenes mentales).

Al final de su análisis, la APA llegó a las siguientes conclusiones: (1) el riesgo de desarrollar desórdenes mentales en mujeres que tienen un aborto legal en el primer trimestre de un embarazo no deseado, por razones no terapéuticas, no es mayor que el riesgo de mujeres que llevan a término un embarazo no deseado. (2) El argumento que sostiene que el aborto, en sí (en contraste con otros factores), causa un desorden mental no tiene sustento en la evidencia existente. (3) La mayoría de las mujeres adultas que interrumpieron su embarazo no padecen de problemas de salud mental. La prevalencia de desórdenes en mujeres que abortaron es baja; la mayoría, de hecho, reportó estar satisfecha con su decisión de abortar un mes y dos años después de haberlo hecho. (4) Si bien la mayoría de las mujeres no presentan problemas de salud mental después de abortar, eso no significa que algunas mujeres no los lleguen a tener. Algunas mujeres sienten tristeza, culpa, pérdida después del acto.

Lo importante, para la APA, es entender lo que está detrás de las respuestas psicológicas de las mujeres a sus abortos. Por ejemplo, el predictor más importante para la salud mental posterior al aborto en las mujeres lo era una historia de problemas mentales previa al embarazo. Muchos de estos factores también predicen las reacciones psicológicas negativas frente a otros eventos de vida estresantes (como el nacimiento del hijo), por lo que tampoco sirven para predecir únicamente las respuestas psicológicas posteriores al aborto. Otro factor también relacionado con las reacciones negativas al aborto es el del estigma social asociado al acto y el apoyo social en torno a la decisión.

En el marco de esta discusión se inserta el video que difundió Emily Letts, una chica de 25 años que tuvo un aborto quirúrgico legal (en el primer trimestre de su embarazo) y decidió filmarlo para mostrar cómo un aborto no es algo que temer. En un ensayo que publicó explicando las razones detrás de la difusión, afirma cómo, “a pesar de que hablamos mucho sobre el aborto, nadie sabe realmente cómo es. Un aborto en el primer trimestre se tarda de 3 a 5 minutos. Es más seguro que dar a luz. No requiere de ninguna incisión, y los riesgos de infertilidad son menos del 1%”.

A pesar de los múltiples comentarios violentos que recibió (“Eres una nazi”, “Mereces morir”, “Mataste a tu bebé”), Letts ama su video. Para ella, “no hay historias positivas sobre el aborto en video disponibles para todos”. Pero el suyo lo es y por eso lo ama. Reconoce que claro que hay mujeres para las cuales se trata de una experiencia traumática, pero no todas lo viven así. Lo irónico es cómo, según el estudio de la APA, la mayoría de las mujeres tienen una experiencia similar a la de Emily. Y, sin embargo, es la que menos vemos representada en los medios populares. Hecho que no me deja de sorprender. ¿Qué clase de debate es el que omite una porción importante de las experiencias de las personas sobre las cuales se discute? ¿De información crucial sobre los hechos que se disputan?

Fuente: http://blogs.eluniversal.com.mx/

Source: Junio 2014