Católicos por la despenalización del aborto

Católicos por la despenalización del aborto

El debate sobre la despenalización del aborto está plenamente instalado en Bolivia, como lo está en otros países de América Latina. Por eso, la necesidad de que los católicos se pronuncien sobre un asunto altamente sensible para nuestra sociedad.

Los tradicionalistas dirán que el título de esta columna es un imposible. No se puede ser católico y estar a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. Yo creo lo contrario, y me considero un católico militante, por formación y por historia, desde la juventud hasta mis clases

como docente de comunicación y periodismo en la UCB de La Paz y en Diakonía.

 

Hay que precisar el primer punto de este amplio debate: demandar la despenalización del aborto no significa hacer campaña por esta opción extrema al que tienen derecho todas las mujeres porque son dueñas de sus cuerpos. El aborto, obviamente, es la expresión de un fracaso individual, familiar y social, qué duda cabe.

Los argumentos a favor de la despenalización son claros y contundentes. Cientos de miles de mujeres mueren cada año por abortos inseguros e insalubres que, haya o no ley sobre la materia, se realizan de todas maneras.

Los católicos que propugnan una visión moderna y racional de la sociedad reclaman la despenalización porque se trata de un asunto de salud pública, no de criminalización. Cualquier Estado moderno está en la obligación de proveer un servicio de salud sexual y reproductiva que incluya, en casos extremos, la posibilidad de realizar un aborto seguro y salubre para todas las ciudadanas que así lo requieran voluntariamente.

Lo contrario es avalar un sistema perverso e injusto en el que, se sabe, las mujeres que cuentan con ingresos económicos suficientes realizarán esta operación en clínicas privadas donde se les garantiza su supervivencia. En cambio, la mayor parte de las mujeres, pobres y desinformadas, acudirán a centros insalubres donde es probable que encuentren la enfermedad o la muerte.

El tema fue explicado con máxima claridad en este periódico por dos expertos internacionales: Celia Taborga, del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Bolivia (UNFPA), y Paulo Saad, de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). 38 estados de América Latina, entre ellos Bolivia, se pusieron de acuerdo en Montevideo (Uruguay) en la necesidad de avanzar en despenalización del aborto como un medio fundamental para garantizar la salud sexual y reproductiva de las mujeres y evitar las miles de muertes que se producen cada año por abortos mal practicados.

La medida debe estar acompañada, obviamente, por un amplio programa de educación sexual y reproductiva que incluya información y formación en materias clave como la prevención de los embarazos no deseados a través de métodos anticonceptivos eficaces.

Algunos fundamentalistas propugnarán la excomunión de los disidentes, pero creo que los católicos y, más las católicas, deben pronunciarse sobre esta sensible materia, lo contrario realmente sería avalar un sistema que lleva a la muerte a miles de mujeres cada año.

Allí radica una de las mayores contradicciones de la jerarquía católica. Estar en desacuerdo con la despenalización y, al mismo tiempo, rechazar el uso de métodos anticonceptivos tan elementales como los preservativos que, además, previenen enfermedades de transmisión sexual mortales como el VIH-Sida.

Tengo dos hijos adolescentes y estoy convencido que ellos requieren información clara y transparente para tomar sus decisiones en libertad y con responsabilidad, sabiendo que el sustento de toda relación madura es el amor y el compromiso.

El papa Francisco, por fortuna, acaba de abrir las puertas para que ingrese aire fresco a una Iglesia esclerotizada y retrasada en relación a las demandas de la sociedad contemporánea. Los millones de jóvenes que lo acompañaron en Brasil se lo van a agradecer, porque ellos pueden ser dueños de sus cuerpos, de sus planes de vida y de sus sueños sin que otros decidan por ellos.

En Bolivia, el 77% de los embarazos no son planificados ni han sido buscados. Una adolescente que queda embarazada complica sus proyectos de vida de forma significativa, mucho más si es pobre y no tiene acceso a un servicio de salud como la gente. El Estado tiene la obligación de brindarle un servicio completo de salud sexual y reproductiva. Su vida está en juego.

(*) Editor del área de Mundo de El Deber – Docente universitario

Fuentehttp://www.eldeber.com.bo/

Source: Septiembre 2013