Bolivia: Hablemos del aborto

Bolivia: Hablemos del aborto

Debatir sobre el aborto es un deber ético, teniendo en cuenta que, según las leyes de la mayoría de países, entre ellos Bolivia, su ejercicio es un delito, lo que provoca que 68.000 mujeres mueran en el mundo por esta razón (en Bolivia, unas 480); siendo el aborto clandestino una de las primeras causas de mortalidad de las mujeres. A esta cifra tenemos que sumar las adolescentes que mueren en el parto porque tienen

mayor riesgo de eclampsia, toxemia o de parto obstruido, o las mujeres a las cuales no se les permite medicarse a tiempo para vencer enfermedades mortales (como el caso de la mujer a la que se le impidió la aplicación de la quimioterapia por estar embarazada). Sin mencionar las consecuencias de un parto mal realizado. Esto nos lleva a plantear el siguiente dilema: ¿Es factible elegir entre un embrión de pocas semanas o una mujer hecha y derecha con intereses, perspectivas de vida, que es madre, hija, hermana, esposa, ciudadana que participa activamente en la sociedad, que además produce, consume y crea?

Uno de los argumentos esgrimidos por los que se oponen al aborto legal y seguro es que el embrión es un ser vivo. Indudablemente, lo es, no vamos a discutir por ello. Pero es tan ser vivo como lo puede ser una bacteria, una lechuga o un virus, y esto no lo convierte en individuo con derechos. Respetar la vida en términos genéricos nos llevaría la conclusión de que no podríamos comer seres vivos como el brócoli o el yogur. Parece una comparación extrema, pero lo único que hago es seguir con una línea de pensamiento.

Por otro lado, tampoco el hecho de pertenecer al homo sapiens es relevante en términos legales, porque el embrión es sólo un conjunto de células que, aunque contienen el ADN humano, no puede alcanzar el rango de persona. Si diéramos por cierto este hecho, es decir, respetar cualquier conjunto de células con ADN humano, no podríamos desechar los tumores que son extraídos y tampoco podríamos barrer el polvo de nuestra casa porque allí se encontrarían millones de células humanas susceptibles de ser replicadas en cualquier proceso de clonación. Decir que el embrión es un humano potencial nos llevaría a un caos en el sistema legal porque tendríamos que aceptar la potencialidad como un factor decisivo. Es decir, como yo soy un cadáver potencial (todos los somos), mis hijas podrían enterrarme; o como soy una persona de la tercera edad en potencia, puedo pedirle al chofer del micro que me haga el descuento correspondiente; o pedirle a mi madre la herencia ya que soy su heredera potencial; cualquier pederasta podría argumentar que un niño es un adulto potencial y pedir el sobreseimiento del caso; y así una serie de despropósitos consecuencia de este razonamiento.

En estos días se ha llegado a acusar a las mujeres que practican el aborto como homicidas, lo cual nos debería llevar a hacer unas cuantas puntualizaciones. Primero, revisar el concepto de homicidio: el resultado de una acción u omisión mediante el cual se priva de la vida a otra persona ya sea dolosa o culposamente (RAE). El paso siguiente sería: ¿Qué define a la persona? Y aquí ya hay consenso, la persona es la que tiene la capacidad de sentir (que se constituye en el fundamento del reconocimiento moral): poder experimentar sensaciones, emociones y sentimientos, y tener intereses (necesidades y deseos), donde el dolor y el sufrimiento son sólo una parte y ni siquiera la más importante. ¿Cuándo un feto es un ser sintiente, por lo tanto, una persona con derechos? La ciencia lo define claramente: cuando tiene un mínimo de actividad cerebral. Es decir, antes, puede ser equiparable a un ser humano que por diversas circunstancias está en estado vegetativo y deja de ser alguien para convertirse en algo, un cuerpo vivo funcionando sin la conciencia de sí mismo. En ambos casos, el trato legal debería de ser parecido.

La ciencia define el plazo legal para un aborto en tanto y en cuanto el feto no tenga cerebro, es decir las primeras 12 semanas de embarazo. En mi opinión, no deberían importar las causas que lleven a una mujer a este extremo. Después, sólo se aceptaría una interrupción del embarazo en caso de riesgo para la madre o graves malformaciones del feto. Ni siquiera la violación debería tomarse en cuenta, ya que este supuesto debería de ser solventado en los márgenes iniciales.

Respondiendo al dilema inicial, si me dan a elegir entre la vida de una mujer y un feto sin cerebro, yo lo tengo muy claro…

La autora es escritora

Fuente: http://www.lostiempos.com/ 

Source: Julio 2013