Todos eluden discutir sobre muertes maternas

Todos eluden discutir sobre muertes maternas

El debate sobre salud pública es casi inexistente en el país. Es preocupante, dada la relevancia que tiene para la vida de las personas. Quizás se deba a que las políticas públicas están poco acostumbradas a hacer accesible la información, evaluar sus resultados sistemáticamente y rendir cuentas de ellos; buenas prácticas de gobiernos abiertos. Los compromisos asumidos -como los Objetivos de

Desarrollo del Milenio-, las recomendaciones del sistema internacional de derechos humanos y de las iniciativas globales deberían ser suficientes para explicar a la ciudadanía cómo vamos y por qué estamos donde estamos.

 
Nada de esto ocurre con un problema crítico de la salud pública y una deuda desmedida con los compromisos asumidos: la mortalidad materna.

Datos del 2011 fueron publicados recientemente pero nadie habló de ellos públicamente.

¿Por qué es imprescindible debatir sobre las muertes maternas? ¿Por qué deben ser una prioridad del más alto nivel de decisión política? Porque las muertes por causas relacionadas con el aborto inseguro, el embarazo, el parto o el puerperio son una violación del derecho humano a la vida y la salud. Porque son evitables y las acciones para prevenirlas están disponibles y son costo-efectivas.

Porque son trazadoras de deficiencias en la calidad y el acceso al sistema de salud. Porque permiten identificar prácticas médicas erróneas y cuellos de botella de la red asistencial. Porque se intentó reducirlas equivocando el rumbo y se postergaron la atención obstétrica de emergencia, el tratamiento de los abortos inseguros y la provisión de abortos legales.

La mortalidad materna ha sido un problema descuidado.

A diferencia de la mortalidad infantil, no ha mostrado descensos significativos en los últimos 20 años y algunas provincias siguen teniendo tres veces más muertes que el promedio nacional.

Si la tendencia actual continúa, llegaremos al 2015 con una mortalidad materna tres veces superior a la comprometida. Y con 300 mujeres al año muriendo porque no se hace lo que se debería hacer. Esta situación es en buena medida fruto del rezago en aplicar acciones integrales, adecuadas y sostenidas, así como de la ausencia de voluntad política.

Como este problema no ha sido discutido a la luz de la última información, invitamos al debate revisando los datos y lo que se está y no se está haciendo para resolverlo. En el año 2011, la mortalidad materna fue de 4 x 10.000 nacidos vivos y tuvimos 29 muertes menos que el año anterior. Una buena noticia, aun cuando se necesitan al menos tres años para consolidar una tendencia.

Las complicaciones de abortos inseguros siguen siendo la primera causa obstétrica directa; toda una señal para quien quiera ver las cosas como son. Las muertes por causas obstétricas indirectas (mujeres con una enfermedad de base que el embarazo o parto agravó y llevó a la muerte) continúan aumentando y justifican preguntarse cuántas de esas muertes se hubieran evitado de haber ofrecido el acceso a un aborto legal visto el riesgo que ese embarazo agravaba.

Los aportes de las provincias son muy desiguales.

Córdoba sigue reduciendo las muertes maternas con una política que enfrenta los diversos determinantes, prioriza la vigilancia activa, el liderazgo técnico de sus equipos, y que cuenta con el compromiso del máximo nivel de decisión.

En el 2011, la reducción de las muertes maternas en la provincia de Buenos Aires quebró una tendencia y aportó el mayor impacto sobre el nivel nacional con 36 muertes menos que el año anterior.

Promisorio indicador de una política que, a pesar de costos políticos varios, apuesta a la regionalización de los servicios para que no se atiendan partos donde no hay capacidad para hacerlo y promueve un modelo -la maternidad segura y centrada en la familia- que integra intervenciones clínicas basadas en evidencia y un trabajo sobre la cultura institucional para facilitar cambios organizacionales y de actitud.

Discutamos por qué se pueden reducir las muertes maternas.

Más de la mitad de las provincias tienen niveles de mortalidad materna que superan el promedio nacional, ntre ellasMendoza, que no es una provincia pobre. Y Formosa, Jujuy, Chaco y Misiones tienen niveles muy por encima del promedio en los últimos 5 años. No se comprende por qué esto sucede cuando desde el 2009 existe un plan nacional de reducción de la mortalidad materna (sólo 8 provincias firmaron compromisos) y todas las provincias reciben recursos del Plan Nacer. ¿Falta coordinación y liderazgo político para lograr buenos resultados en todos lados? ¿Por qué invertimos tantos recursos y no obtenemos resultados contundentes? Discutamos estas preguntas.

En los últimos años, Brasil, México, Uruguay, Chile han reducido su mortalidad materna. No hay razones para que no podamos hacer lo mismo.

Discutamos qué estamos haciendo mal para evitar la violación del derecho humano de las mujeres a vivir.

Discutamos por qué la dirigencia política no se ha puesto este tema al hombro. Discutamos por qué el siempre oportuno argumento del “federalismo” obstruye una política nacional con capacidad rectora para igualar oportunidades. Discutamos por qué el COFESA no rinde cuentas. Discutamos por qué la mortalidad materna no ocupa los primeros lugares en la agenda de ministros, de legisladores de las provincias con malos indicadores, de quienes honestamente se ocupan de los derechos humanos.

Abramos el debate. Las muertes maternas no se evitarán discutiendo; pero se convertirán en prioridad cuanto más hablemos de ellas.

Fuente: clarin.com

Source: Marzo 2013

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