La agitadora

La agitadora

“Agitadora, guerrillera, y enemiga del país” la definieron los militares en julio de 1971 a Eleonora Menicucci de Oliveira y la encarcelaron, a los 26 años, con su hija de un año y diez meses, en el Destacamento de Operaciones de Informaciones, el órgano que centralizó la inteligencia represiva durante la dictadura brasileña. 

Cuatro décadas más tarde, su compañera de celda, la presidenta Dilma Rousseff, prefirió llamarla “ministra”. Los actos de habla hacen y a la vez dicen, y Menicucci quedó al frente de la Secretaría de Políticas para las Mujeres.

 

En “la torre de las doncellas”, un eufemismo con el que los militares nombraron al sector al que llevaban a las presas políticas en el penal de San Pablo, Menicucci pasó tres años. Para llegar a la torre, las presas tenían que atravesar un pasillo al que daban las celdas de las presas comunes, en general por practicar la vagancia o la prostitución. “¡Terrorista!, ¡linda!, ¿qué hacés acá?”, dicen que les gritaban a las políticas cuando llegaban, generalmente después de pasar una temporada de tortura en el DOI de entre 20 y 80 días. Después del corredor venía un patiecito, y después la torre. Rousseff y Menicucci se hicieron amigas ahí, pero se conocían de antes. En Belo Horizonte, las dos formaron parte del movimiento estudiantil. Menicucci presidió la Unión Nacional de Estudiantes, leal sostén del presidente constitucional Joao Goulart y primera fila en el combate contra la dictadura. Con la profundización de la violencia dictatorial, Menicucci ingresó al Partido Obrero Comunista del que salieron varios desprendimientos guerrilleros. En su experiencia en la guerrilla urbana, Menicucci percibió el sexismo dentro de su organización, y lo consideró una traba para cualquier movimiento libertario. “Ellos se acostaban con todas. Nosotras sólo podíamos hacerlo con los de nuestra célula”, explicó en una entrevista. En el penal, coordinó un grupo de reflexión que la llevó a elegir la militancia feminista y explorar su sexualidad. “En la cárcel hice mis primeras experiencias sexuales con mujeres. Yo era muy libertaria”, dijo. Menicucci es la primera ministra asumida como bisexual en la historia de su país.

“Pero mi vida no es sólo la cárcel. Señora Presidenta, tenga la certeza de que mi currículum académico como docente investigadora de la universidad por más de 30 años me acredita y me da apoyo y seguridad”, se plantó en su discurso de asunción, después de haber afirmado días antes, en una entrevista, que “un gobierno no se hace con amigos”. Cuando salió de la prisión en 1973, la ministra se mudó a Joao Pesso, empezando su vida profesional en la Universidad Federal de Paraíba como profesora en la carrera de Sociología. Fue una de las primeras afiliadas al Partido de los Trabajadores, donde se hizo cargo de la Secretaría Nacional de Mujeres e integró la Comisión Nacional de Mujeres de la Central Unica de los Trabajadores. Desde ese espacio, participó de la creación del primer Programa de Atención Integral de la Salud para las mujeres, una vieja reivindicación del movimiento feminista. Hasta que asumió a su cargo como ministra, dirigió el núcleo de estudios de Salud de la Mujer y Relaciones de Género de la Universidad Federal de San Pablo.

La despenalización del aborto es el eje de su activismo. “Aborté dos veces”, dijo en una entrevista, y en su discurso de asunción consideró la despenalización como “una política pública”. Esa definición la puso en el centro de las acusaciones de los diputados de la bancada cristiana, que son entrenados por sus Iglesias y dispersados en las listas de todo el arco ideológico brasileño para que, una vez en el Congreso, asuman posiciones comunes en lo concerniente a los cuerpos de las mujeres, la procreación, y la diversidad sexual. “Debería estar en Sodoma y Gomorra”, dijo, con poco sentido de la sutileza, Eduardo Cunha. El diputado del catolicismo carismático, Gabriel Chalita, también pataleó: “Un ser humano debe ser respetado, sobre todo cuando está en la panza de su mamá”, dijo. El martes pasado, senadores, diputados, y pastores cristianos se reunieron para acordar acciones de repudio a Menicucci. El senador Magno Malta, vocero de los evangélicos el Frente de la Familia en el Congreso, anunció que le enviará a Rousseff una nota de repudio.

Años luz adelante de sus adversarios, Menicucci fue taxativa en su discurso de asunción: “Nuestras trayectorias –aseveró–, presidenta Dilma, se entrelazaron cuando éramos muy jóvenes. Nos sumamos a la lucha contra la dictadura. Fuimos presas, torturadas. Vivimos en la misma celda. Hicimos un compromiso que nos enseñó a lidiar con las adversidades y Nunca, Nunca, con mayúscula, huir de las situaciones. Por más difíciles que sean”.

Fuente: Página 12

Source: Febrero 2012