España: La ideología conservadora ataca la Salud

España: La ideología conservadora ataca la Salud

Anda el PP estos días como el que estrena nuevo hogar; gestionando ésta “su casa” que es España con una alegría que da gusto; como si la crisis que acogota a cinco millones de españoles no fuera con ellos. ¡Qué bárbaros! ¡Qué manera de ordenar y mandar! Qué manera de tirar y cambiar tabiques, tapiar ventanas, repintar cualquier huella que apunte a la época (política) anterior, encerrar con siete llaves lo que huele a progreso, justicia social, libertad… 

Y si no, que le pregunten al camaleónico ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón qué jugarreta se propone hacerle a las mujeres con su anuncio de “revisar” la ley del aborto. ¡Qué manera de ir para atrás! Qué entusiasmo, en fin, por reverdecer mohosos ritos y costumbres enarbolando la bandera de la fe cuando nos habíamos hecho ya a la idea de que el mundo progresaba (España también) con argumentos de Razón e Ilustración; con el esfuerzo de todos los españoles y no con la arbitrariedad de caciquismos y plegarias de meapilas.

 

Ahora la Virgen Macarena tiene mando en plaza, ya lo saben. Supongo que se han enterado que últimamente hace milagros; milagros como pasarle la mano por el lomo al comulgante Camps, en tanto le sonríe por llevase unos trajes de más por la cara (al menos él no ha presentado el recibos de haberlos pagado). O, no se si han sabido que el alcalde de Sevilla, ¡santo Zoido!, ha decidido, suponemos que con la aquiescencia y asesoramiento de la talla, de la cual es muy devoto, cambiar el nombre de una calle —que le habían adjudicado los botarates socialistas, ¡qué ocurrencia!, a una señora, Pilar Bardem, a la que, dicho se a de paso, le trae al pairo la calle— por el de “Nuestra Señora de las Mercedes”. Como si en Sevilla no hubiese Nuestras suficientes, o Señoras y Mercedes para dar y tomar… Además de Vírgenes, claro. ¡Que parece esta ciudad un parque temático!

Mas volvamos al principio y al argumento que da pie al titular de este artículo… ¡Que España no es sólo suya, adalides victoriosos del PP! Y, sin embargo, la ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Ana Mato, en la parte que le toca gestionar, actúa como si fuera la dueña. O al menos esa es la impresión que se saca al verla sonreír de oreja a oreja en las fotografías. Ni siquiera hace el falso gesto (que podría hacerlo) de llorar, como lloró la ministra de Trabajo italiana, Elsa Fornero, al anunciar su plan de ajuste. Ana Mato no llora; al contrario, sonríe mientras corta por lo sano (nunca mejor dicho) en los asuntos de Salud sin importarle lo más mínimo a quien perjudica.

Por que, vamos a ver, ¿a qué viene ahora cuestionar la dispensa sin receta de la píldora del día después, si no es por un ataque furibundo de conservadurismo rancio? Si hace ya 10 años que se dispensa esta píldora y 40 más que se analiza en todo el mundo. Si en España la han tomado millón y medio de mujeres y a ninguna, que se sepa, le ha causado el más mínimo daño. Al contrario, la píldora ha evitado infinitos sufrimientos, miles de embarazos no deseados, conflictos y dramas familiares… En definitiva, la píldora del día después no ha hecho más que contribuir al bienestar de miles y miles de mujeres, a mejorar la salud pública, a aumentar la calidad de vida de las españolas y españoles y, si se me permite, a hacernos más felices a todos. Y ahora viene Ana Mato y otra vez, ¡otra vez!, nos amenaza con la cruz de la angustia, del miedo, de la represión, del no saber qué hacer ante el problema que se le plantea a muchas mujeres después de una experiencia sexual. ¡Pues que se fastidien!, parece querer decir la ministra y los que piensan como ella. ¿Y eso no es sadismo, mala leche, deseo de hacer daño? Cuando la ciencia ha conseguido una solución sencilla para un problema grave, avalada, además, por la Organización Mundial de la Salud (OMS), llega una ministra y se declara más papista que el Papa.

La medida acordada en 2009 por el Gobierno socialista con la nueva ley de salud sexual y reproductiva, de no exigir receta para dispensar esta píldora, no fue más que una respuesta coherente (se supone que largamente estudiada y meditada) con el fin de evitar miles de embarazos no deseados y los consiguientes abortos que siempre van a ser más traumáticos que tomarse la citada píldora. En este aspecto al menos, pues, parece que queda claro que la ideología conservadora ataca a la Salud.

En cuanto a la vigente ley del aborto, ya lo ha dicho Ruiz Gallardón: la ley se cambiará. Y Ana Mato añade: preferimos asesorar y aconsejar a las mujeres jóvenes para que no aborten, ha venido a decir. La intención parece clara; y ya suponemos a dónde van a mandar a ese colectivo de mujeres. Así que aténganse princesas y piénsenselo bien antes de ejercer libremente su sexualidad.

Tampoco va aprobarse, ha dicho la ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad la Ley de muerte digna. Una mala noticia, desde luego. Porque esto no le evitará el sufrimiento a todas esas personas, ¡miles!, que a diario, en una situación terminal ya y aceptada, piden que les dejen morir en paz y no les atormenten con nuevas pruebas, subterfugios para alargarles la vida y más fármacos. Una ley que sólo pretende regular y aclarar los protocolos a seguir en el abordaje de una situación de muerte y que protege, además, la dignidad y voluntad del enfermo, así como su autonomía para decidir, sin duda es necesaria. Y es una lástima que la nueva ministra de Sanidad haya decidido aparcarla. Otro ataque, creo, a lo que entenderíamos por Calidad de vida y Salud de los españoles.

Por lo demás, Ana Mato ha propuesto para esta legislatura un “nuevo” Pacto de Estado que asegure la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). ¡Loable! Lo curioso es que al menos cinco de sus antecesoras lo intentaron ya y no lo consiguieron. Demasiados intereses encontrados en estos reinos de Taifa que son las Comunidades Autónomas; demasiados compromisos políticos y personales; demasiados protagonismos… Pero es que si este Pacto fracasa, la política sanitaria de Ana Mato habrá fracasado también. Porque según contó ella misma hace unos días en el Parlamento en su primera comparecencia, este Pacto será el eje de su quehacer en el Gobierno. A partir de ahí, proclama, habrá que conseguir la estabilidad presupuestaria y más tarde elaborar dos leyes marco: una que atienda a lo puramente sanitario y otra a la dependencia. Luego ya, lo del copago, la tarjeta sanitaria única, el fomento del uso de medicamentos genéricos, etcétera, etcétera, etcétera, ya se irá viendo.

La pregunta es…, mejor dicho, las preguntas son: una, ¿como logrará hacer realidad “su” política sanitaria Ana Mato en esta legislatura si parte de una idea (el Pacto) en el que han fracasado todos los que la precedieron y, por lo visto, irrealizable? (¡Que ójala lo logre, eh!) Y dos y más importante: si recorta libertades y cualquier viso de progreso social y sanitario en el ámbito de la Salud (aborto, píldora del día siguiente, ley de muerte digna, etcétera), que decididamente se observa que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, ¿cómo se concibe que vayan los españoles a tener “mejor” salud con este Gobierno? Se admiten apuestas.

 

Fuente: Cuarto Poder

Source: Febrero 2012