"A la igualdad hay que producirla siendo sensible a la diferencia"

La diputada Diana Maffía estuvo en Rosario para dictar el curso y explicó que el mismo se viene haciendo en varias provincias, como Córdoba, Buenos Aires, Salta y algunas otras. La idea de Carmen Argibay, cuando pensó el proyecto, era que se fuera derramando desde la Corte Suprema de Justicia, hacia las provinciales y de ahí a los Tribunales. La diputada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Coalición Cívica-ARI, Diana Maffía, estuvo en Rosario para dictar un taller de perspectiva de género en la Justicia, que llegó desde la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia la Nación.

Antes de su charla sobre derecho y lenguaje androcéntrico, habló con Rosario/12 acerca de la importancia de generar estos conocimientos en el ámbito judicial y lograr igualdad a la hora de impartir justicia. “El gran problema de la igualdad es que no hay que darles a todos lo mismo; a la igualdad hay que producirla, siendo sensible a la diferencia; hay que registrarla, medirla, establecer una relación entre las intervenciones que hacemos y los resultados que éstas tienen sobre las personas”. También se refirió al “tropiezo sistemático de la despenalización del aborto” y en ese sentido, a la necesidad de que “la palabra no esté dada por el lenguaje, sino saber decir” sobre la propia condición individual. “La prohibición del aborto es ineficaz para los objetivos que tienen quienes dicen defender la vida, prohibiendo el aborto”, señaló.

-¿De qué se trata el taller ideado por la Ministra de la Corte Suprema, Carmen Argibay, para erradicar la discriminación hacia las mujeres en el ámbito judicial?

-Se viene haciendo en varias provincias, como Córdoba, Buenos Aires, Salta y algunas otras. La idea de Carmen Argibay, cuando pensó en esto, era que se fuera derramando desde la Corte Suprema de Justicia, hacia las provinciales y de ahí a los Tribunales, para que todos tuvieran oportunidad de revisar este tema en las distintas especialidades, porque podemos advertir sesgos de género en cualquiera de las manifestaciones de las ramas del derecho. Es bueno trabajarlo en cada una de ellas para ver cuáles son las conductas de la Justicia, siempre aspirando a que haya igualdad ante la ley, que es un principio constitucional; pero, a la igualdad hay que construirla y producirla.

-¿Cuáles son las cuestiones básicas con las que se quiere llegar a los magistrados?

-Yo creo que hay una cuestión de contenidos, pero también de actitudes, que quizás es en lo que más hay que trabajar, y lo que es más difícil de modificar, porque son cuestiones culturales. Cambiar las actitudes en la manera de producir o impartir justicia tiene que ver con revisar cuestiones de la vida cotidiana y personal, porque estamos hablando de cuestiones de género. Todas y todos portamos decisiones en nuestras vidas personales y arrastramos eso aunque parece que no influye en la cuestión judicial; se arrastran los hábito sociales, los estereotipos, los prejuicios, las maneras rápidas de interpretar a las otras personas de acuerdo con lo que está instituido, y a veces la ceguera o las dificultades para cierto tipo de problemas, para que estos lleguen a la Justicia.

-¿En qué casos por ejemplo?

Sucede en femicidios o cuestiones de discriminación que no siempre son evaluadas apropiadamente. Hablo de cuestiones bastante extremas, pero una de las aspiraciones es revisar el propio Poder Judicial: qué pasa con el trato de las personas dentro de los propios tribunales, las propias juezas y jueces, sus colaboradores; de qué manera se organizan las comunidades que imparten justicia, y qué tipo de sesgos de género hay dentro de estas propias comunidades. Hay que revisar el sistema de justicia. Ver que no hay equidad en la distribución de las responsabilidades en la institución judicial, que también allí hay marginación de las mujeres. Algo que parece tan equitativo, tan llevado adelante solamente por méritos, y cuando uno empieza a ver los niveles de responsabilidad, y las maneras en que progresan las carreras y los subsidios que se manejan, la capacidad de formación de recursos, entonces se empieza a ver cómo a lo largo de los años, en las mujeres aparecen barreras que son específicas del género.

-¿Dónde están los problemas elementales, en cuanto a la discriminación de género, dentro de los agentes de justicia?

-Hay muchos problemas, pero en esta oportunidad apunto a una cuestión que aparentemente es bastante externa, que tiene que ver con el lenguaje, con el sexismo del lenguaje y con la manera y las modificaciones que hay que hacer para que abarque a aquellos sujetos que explícitamente tiene que abarcar. De qué manera se maneja el lenguaje para que no sea incómodo en su lectura y escritura, pero que a la vez sea inclusivo. Hablo de personas gay, trans y aunque estamos hablando del derecho de la mujer, yo incluyo cualquier diversidad humana, que no entre en un lenguaje que neutraliza solamente los intereses de los sujetos hegemónicos y los demás quedan fuera de su enunciación, entonces enunciar explícitamente implica tener esta ampliación. Es un tema que parece bastante abstracto y alejado, pero si uno piensa en cómo se hacen visibles los sujetos y a quiénes abarca la ley, cómo hemos discutido el año pasado con la ampliación de la ley de Matrimonio, y cómo vamos a discutir este año la ley de Identidad, qué pasa con el tropiezo sistemático con la despenalización del aborto. Yo creo que hay cosas que tienen que ver con tener la palabra: la capacidad de decir. Que las palabras no sean dichas por el lenguaje, sino ser nosotras mismas o quiénes sean los sujetos; que sea él mismo el que explicita sus condiciones, sus prioridades, sus necesidades. El derecho tiene una escritura normativa que pretende preservar un equilibrio y un estado de las cosas, donde los sujetos que en su momento redactaron esas normas, exponían sus intereses y necesidades; pero muchos hemos quedado afuera de eso.

-Saliendo del programa del taller, pero no de la cuestión de igualdad, ni de la utilización de la palabra y esta capacidad de decir; ¿es ahí donde se centra la discusión de la despenalización del aborto?

-Creo que sería saludable que en algún momento haya un diálogo maduro y profundo sobre la complejidad de la decisión del aborto, sobre las cuestiones jurídicas, pero también las éticas, políticas, médicas, subjetivas, religiosas, las que tienen que ver con los hábitos y las expectativas sociales. Todo eso debe ser analizado. Evidentemente, lo que se está produciendo con la prohibición del aborto es muy injusto, porque no se preserva la vida: la vida se preserva positivamente, no negativamente y prohibiendo. No sólo no se preserva la vida del embrión, sino que se pone en peligro la vida de miles y miles de mujeres, y eso, lamentablemente es un resultado muy penoso. Hay algo que no podemos discutir, y es que la prohibición del aborto es ineficaz para los objetivos que tienen quienes dicen defender la vida prohibiendo el aborto. Ahora, busquemos maneras eficaces de defender la vida: una es despenalizar el aborto y dar todos los recursos para que una mujer no tenga un embarazo no deseado. Si cuidáramos que no hubiera relaciones sexuales violentas, que no hubiera desigualdad en las parejas sobre las decisiones, si damos educación sexual, acceso a la anticoncepción, consejerías en salud, es muy probable que disminuyan enormemente los embarazos no deseados. Eso va a hacer bajar el número de abortos, no prohibirlo. El aborto es un tema que divide a la sociedad, pero muchas veces, sucede porque hay mucha ignorancia y gente que cierra su cabeza y no quiere escuchar.

-¿Qué opina sobre la situación actual del juez Eugenio Zaffaroni y las denuncias que se han hecho?

-Tengo mucha admiración y afecto por Zaffaroni. Estoy muy en deuda con él en mi aprendizaje del valor de la ley penal, de lo que significa el derecho como control social y otros temas. Al principio me decepcionó profundamente, desde ese respeto y ese afecto, que su respuesta fuera vulgar, una respuesta que eludía una explicación. Yo creo que hay una explicación: él puede tener un montón de departamentos, dárselos a una inmobiliaria y ésta hacer le mejor negocio posible con su alquiler; también puede ser alquilado por una persona que ejerce la prostitución, y ahí no hay delito. Pero si realmente hay un lucro con la prostitución ajena, si hay explotación de personas y conocimiento del espacio que se le está dando a un lugar, esto adquiere otra dimensión y debe ser respondido. No se puede contestar con una broma o descalificando al que pregunta. Por el momento, simplemente estoy atenta, preocupada, porque creo que es una persona muy valiosa.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar

Source: Agosto 2011