"Las señoras del Consultorio 5"

Reflexiones en torno a la Interrupción Legal de Embarazo (ILE)

Si bien, en el Distrito Federal la decisión de las mujeres de interrumpir su embarazo, hasta las 12 semanas de gestación y sin considerar las razones que las motivan, está protegida por la ley, es decir, que no estamos en riesgo de ser privadas de la libertad por ejercer nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y capacidad reproductiva, el aborto continúa siendo causa de descalificación y estigmatización social.

 

 

¿Quiénes son las señoras del consultorio 5? Son todas aquellas mujeres, de cualquier edad, que acuden a solicitar el servicio médico para la ILE a los Hospitales Materno-Infantil del Sistema de Salud del Gobierno del Distrito Federal. Seguramente, en cada unidad médica el número del consultorio cambiará, pero el protocolo es el mismo. Para efectos de esta reflexión, nos trasladaremos a una de sus unidades, en la cual el consultorio 5 (que sí existe) es la primera ventanilla en donde el discurso jurídico se convierte en hechos fehacientes, es ahí en donde se concretiza la despenalización del aborto, espacio donde se juega lo legal, lo legítimo, la ética y la moral… ¡y no hablemos de los prejuicios!

… Martes: Son las 5 a.m., la ciudad aún duerme, la madrugada está húmeda y hace frío, llovió toda la noche y de rato en rato cae una pequeña llovizna que obliga a utilizar el limpiaparabrisas. Hay que pasar a la gasolinera, no vaya a ser la de malas. El estacionamiento del Hospital materno-infantil está casi vacío ¡perfecto, una bronca menos!

¿Qué hora es? Ah, las 5:30, bueno, llegó el momento de preguntar. Respira profundo mujer, que pa’ luego es tarde. Afuera de las instalaciones hay una manta que indica: La información sobre la ILE se proporciona únicamente al interior del Hospital. -“Disculpa, ¿el Hospital está abierto?”, -“Sí, toda la noche”.

Adentro un policía custodia el lugar. -“Buenos días, ¿En dónde dan información para la ILE?”, -“En el pizarrón están los requisitos”. El pizarrón está casi en la entrada, solicitan: 2 fotocopias de la Credencial del IFE, 2 Fotocopias del comprobante de domicilio (debe ser el mismo domicilio en ambos documentos), resultados de los estudios o análisis, constancia de gratuidad (no es requisito obligatorio, solamente en caso de que no puedan cubrir la cuota de recuperación), y tener disponibilidad de tiempo. En el pizarrón se señala con claridad: LAS CONSULTAS SE BRINDARÁN EN EL CONSULTORIO 5.

-“Oiga, mi comprobante de domicilio no es el mismo que tiene mi IFE, ¿tienen que coincidir?”, -“Sí, es un requisito”, -“Bueno, voy por él”, -“Ya no creo que alcance señorita, nada más se dan 4 fichas por día, ya tengo tres personas anotadas”, -“Híjole, a qué hora dan las citas”, -“Pues hay gente que está aquí toda la noche”, -“Bueno, regreso mañana, gracias”. Un policía muy amable, su mirada reflejaba compasión, comprensión o algo parecido, pero nada de reproches o lástima, fue un buen principio.

Miércoles: Frío, humedad, lluvia. Más abrigada y con más tiempo. Son las 4:00 a.m., no vaya a ser que ya no alcance cita. Nada de tráfico y con gasolina suficiente. Arribo al Hospital: 4.15 de la mañana. Hay otro policía. –“Buenos días, vengo a sacar una cita para el Consultorio 5”. Eso de volver a preguntar por el ILE, como que ya no. –“¿Cuál es su nombre?”, -“Nombre tal, apellidos tales”, -“Muy bien, es la número 3”. Uff, apenas si llegué. –“¿A qué hora empieza la consulta? ¿Me espero afuera o puedo esperar en el coche?”, – “Siéntese aquí, a las 7 se forman afuera para que las pasen como a las 8:00 a la sala, y a las 8:30 inician las consultas en el Consultorio 5”.

En la sala hay una pareja de jóvenes, ella está recostada sobre las piernas de él, tapada con una cobija de bebé. También hay una chica que entra y sale, está inquieta, se sienta y se levanta, camina, sale del Hospital, regresa. A las 5 de la mañana entra un joven, en voz baja pide informes con el policía, -“¿Cuál es su nombre?”. Él da el nombre de una mujer. Cuarta y última cita.

5 y media de la mañana. Todo sereno. A las 6 de la mañana entra una señora con un bebé en brazos, se dirige a emergencias. Llega una pareja con un niño, comienza a entrar más gente. Como siempre, hay que madrugar para recibir atención en los servicios públicos, sino ya no alcanzas ficha.

Siete y cuarto de la mañana. –“¿Pueden formarse afuera?, ya vamos a abrir”. La gente comienza a hacer una sola fila. –“¿Disculpe señora, esta fila es para el Consultorio 5?”, -“No, es para la cita normal, a ustedes las pasan a otra sala”. La señora se voltea y le susurra algo a la muchacha que la acompaña.

Los Lineamientos Generales de Organización y Operación de los Servicios de Salud relacionados con la Interrupción del Embarazo en el Distrito Federal señalan que tanto la consejería, como la información que consta en los expedientes clínicos y el servicio que brinda el personal médico y paramédico se hará con estricto apego al principio de confidencialidad, principio ético cuyos bordes se diluyen cuando las mujeres que acuden a solicitar el servicio para la ILE, son ubicadas en un espacio físico exclusivo, todas juntas, alejadas del resto de las/os usuarias/os.

-“Ya pueden pasar. Las que van al consultorio 5 se sientan en las bancas blancas”. Las bancas están ubicadas exactamente enfrente de consultorio 5, es la oficina del personal de enfermería. Las bancas son diferentes al resto de los asientos en las otras salas, son bancas de metal, sin respaldo, incómodas, blancas. Hacen recordar a las salas de espera en los hospitales psiquiátricos. Las personas de la sala contigua no dejar de mirar. Son miradas tímidas, curiosas, lastimeras.

Ya están juntas las cuatro mujeres, las cuatro citas del día. Tres de ellas van acompañadas de sus parejas, una va sola. Todas son parejas de jóvenes, entre 20 y 25 años. Una de las parejas aprovecha todos los momentos posibles para dormitar, una segunda pareja no deja de hacerse arrumacos, una más apenas si cruza palabra, a veces ella sale del hospital sin hablarle, a veces los hace él. La mujer que llegó sola no deja de escuchar su iPod, por ratos lee un poco.

Como lo había profetizado el policía, a las 8:30 llega la trabajadora social. En plena sala y frente al resto de las personas pregunta: –“¿Traen sus documentos? ¿Quién llegó Primero?”. –“Yo”. –“¿Cuál es su nombre señora?… -“¿Quién sigue? , -“Yo”, –“¿Su nombre señora?… -“¿Quién es la tercera?, -“Aquí estoy”, –“¿Cuál es su nombreseñora?… “Usted debe ser la cuarta”,- “Sí”, -“Señora, su nombre por favor”. Las edades de estas ‘respetable señoras’ oscilan entre los 20 y los 35 años de edad, aunque algunas de ellas lucen tan jóvenes que parecen menores de 18.

Desde que era niña escuché que a las mujeres se les llama señoras por dos razones: cuando se casan y cuando tienen hijos/as. Las mujeres casadas y con hijos/as son mujeres que tienen el consentimiento social para mantener relaciones sexuales, libres de culpa y de pecado. También me aclararon, en muchas ocasiones, que a las mujeres mayores que aún no tienen marido ni hijos/as se les debe llamar señoritas.

¿Cuál sería la razón por la que la trabajadora social, la enfermera y la mujer del archivo llamaban, de manera insistente, SEÑORA a estas mujeres? señora por aquí, señora para acá. Señora, señora, señora… ¿Sería acaso por qué tenían un embrión en el vientre? ¿Por qué iniciaron ya su vida sexual? ¿Por estatus y reconocimiento social? ¿Por qué?

Media hora después llega la enfermera. Solicita nuevamente los documentos. Los revisa. “Señoras, en un rato más van a pasar al consultorio”. Llegan más parejas de jóvenes, se sientan directamente en las bancas blancas, no preguntan nada, saben perfectamente a dónde dirigirse. Sale la enfermera y le solicita sus carnets. Son subsecuentes. Ya han pasado por esto. Conocen su lugar.

-“Ya pueden pasar. Ustedes también”. Se refiere a las mujeres que acuden por primera vez y a sus parejas. –“Que se sienten las mujeres, no hay suficientes sillas”. La enfermera da indicaciones para que los jóvenes se coloquen de pie junto a su respectiva pareja. –“¿Usted viene sola?”, -“Sí”. Son las 9:30 de la mañana. Inicia la plática informativa, la consejería. –“¿Qué saben de la ILE?”. Dos de las usuarias tienen suficiente información, una conoce lo básico, otra más no tiene la menor idea. Entre preguntas, respuestas vacilantes, aclaraciones, regaños que pretenden no serlo, silencios, risas y una que otra lágrima, transcurre una hora, tal vez un poco más. Temas abordados: ILE y sus procedimientos médicos, posibles riesgos y consecuencias, consentimiento informado, la gratuidad (que no es tan gratuita, porque todas tiene que pagar sus estudios y medicamentos), derechos sexuales y reproductivos, métodos anticonceptivos, Infecciones de Transmisión Sexual, cáncer de mama, exploración de las mamas, papanicolau, cuídense, quiéranse, véanse al espejo y díganse lo hermosas y valiosas que son.

También explica que, en esos Hospitales, hasta las nueve semanas utilizan principalmente la técnica médica para interrumpir el embarazo. –“Ustedes van a comprar su medicamento. Aquí no lo vamos a hacer. Todo va a suceder en su casa”. Es fundamental que las mujeres estén acompañadas en esos momentos o que al menos, alguien sepa lo que va a suceder para que las auxilien en caso de emergencia. –“Cuando regresen, el médico les dará las indicaciones”. Después de las nueve semanas o si el medicamento no hace efecto, se realiza una intervención quirúrgica. –“La aspiración, sin anestesia, es para que no queden residuos y no haya riesgo de infección. Es ambulatoria. Las dejan descansar unos minutos y después se van a su casa”. S-I-N A-N-E-S-T-E-S-I-A.

Por último se programan las citas en un plazo no mayor a cinco días hábiles, dependiendo de las semanas de gestación. Siguiente puerto: la trabajadora social. Dentro de las próximas dos horas entrevistará a tres de las usuarias, la cuarta abandonó el proceso.

Antes de entrar con la trabajadora social, la mujer que no llegó acompañada decide tomar un poco de aire fresco. Afuera de las instalaciones hay un stand, colocaron unas figuras que simulan fetos ¡Son tan reales! Reparten trípticos. Abordan a la mujer: –“El aborto no es la solución”.-“¿Entonces, qué solución ofrecen?, -“Ayuda económica o la adopción”, -“MI problema no es económico ¿están en contra del aborto?”, -“Sí”, -“Pero es derecho de las mujeres decidir sobre su cuerpo”, -“Exacto, sobre su cuerpo, no sobre el cuerpo de otro”. La mujer se da cuenta que sería inútil entrar en la discusión filosófica en torno a la existencia o no de una personita con alma y sentimientos. –“Nos quejamos del narcotráfico y los asesinatos, y caemos en lo mismo. Es una contradicción”. Conclusión: las mujeres que deciden interrumpir su embarazo se encuentran en el nivel moral de un sicario, son torturadoras y asesinas.

Los trípticos de la Asociación Civil “Centro de ayuda para la mujer latinoamericana”, se acompaña de una calcomanía con la fotografía de perfil de un feto, que dice: No vine a quitarte nada, estoy aquí para dártelo todo. Cuando la mujer lee esto, no puede evitar dejar salir algunas lágrimas, con cuidado de que no la vean. Aparece la duda, el conflicto, la soledad, la angustia, la culpa. No sabe si lo que está sintiendo surge a partir de ella o es la carga que la clase conservadora impone sobre su cabeza. También le entregaron unas postales que contienen imágenes de instrumental médico bañado en sangre y de un feto descuartizado sobre una mano enguantada, que más bien tiene tipo de alien. Los trípticos informan del sinnúmero de calamidades que acarrea el aborto y otros asuntos: los riesgos de las técnicas médicas (aborto por pastillas, aspiración manual endouterina y el legrado), el síndrome post-aborto, las características del feto en las primeras 12 semanas de gestación, sin dejar de mencionar que el feto siente dolor, y por supuesto le recuerda a las mujeres que dentro de ellas existe un gran triunfador.

11:45, estudio socioeconómico con la trabajadora social, una breve charla. 12:15 p.m., pasar a la ventanilla de atención para conocer el costo del servicio médico, 12:30, subir a la oficina del subdirector para obtener la línea de captura y pasar a pagar al banco. –“¿Es para un ILE? Espéreme en la sala señora, ahorita la llamo”. -“Tiene que pagar antes de venir a consulta, si ya no viene, el dinero no se le puede reembolsar”. 12:40, se terminó el proceso por hoy.

Ocho horas y media dentro de las instalaciones con diferente tipo de personal. En ningún momento nadie preguntó “¿Cómo se siente usted, señora?”.

En el Distrito Federal, las mujeres que deciden abortar no serán denunciadas, encarceladas, procesadas y sentenciadas por el delito de homicidio en razón de parentesco. Sin embargo, de alguna u otra manera, seguirán siendo señaladas y juzgadas dentro de un juego de confidencialidad-revelación que las deja expuestas a las miradas y reprimenda de una sociedad que vigila y custodia su sexualidad. Pues siempre deben tener presente que ellas, sus cuerpos y sus productos son pertenencias del Patriarcado, y cualquier acto de desobediencia será castigado con culpa y estigmatización, dolor físico y emocional, no sin antes desembolsar unos cuantos cientos o miles de pesos para que no olvide tan fácil el chistecito que acaba de hacer.

Habrá algunas mujeres que puedan vivir este evento de la mano de su pareja o de una muy buena amiga, una hermana. Alguien que en un acto de profunda solidaridad y amor, las acompañe en el tránsito por este nada sencillo proceso.

¿Y qué pasa cuándo estas mujeres están solas en su casa, en su habitación?

Que sean pues esas paredes, testigos de lo que quieren hablar, de lo que quieren llorar y gritar a los cuatro vientos, pero no pueden porque no deben. Culpas y remordimientos que no son de ellas sino invento de una sociedad temerosa y persignada.

¿Qué si hubiera sido lindo continuar el embarazo? En esas condiciones, sus condiciones, sus situaciones que sólo ellas conocen, la respuesta es NO.

El aborto continúa siendo un tabú. Y ese tabú se siente en la piel, en las entrañas y en los labios. Quién no haya vivido esta experiencia, será mejor que aviente sus piedras hacia otro lado.

Las señoras del consultorio 5 mejor deciden callar y olvidar.

Fuente: http://cuadernosfem.blogspot.com

Source: Julio 2012