La India no quiere a sus niñas

La India no quiere a sus niñas

La ancestral preferencia por los hijos varones y las nuevas tecnologías para determinar el sexo del bebé conspiran contra las niñas de la India. Hasta seis millones podrían haber sido abortadas en la última década

Shivani no sabe cuánto costó, pero sí que su marido la compró para que fuese su esposa. La escasez convierte a las mujeres en mercancía en el norte de la India. Seis millones de niñas han sido abortadas en la última década en el país asiático.

Y la negligencia en el cuidado de las niñas que nacen impide que muchas celebren su quinto cumpleaños. Esto Shivani lo sabe bien. Una de sus hijas murió al año porque el padre y la abuela consideraron una mala inversión pagar a un médico. Las medicinas y la comida son para los varones, que continúan el linaje familiar, reciben dote matrimonial y serán la pensión de los padres. En toda la India faltan 34 millones de mujeres. Un genocidio silencioso bautizado como «generocidio». La mezcla de tradición y modernidad es letal para el género femenino en la mayor democracia del mundo. A la ancestral preferencia por hijos varones en el país asiático se unen las nuevas tecnologías de determinación del sexo. Un estudio publicado recientemente por la revista «The Lancet» estima que hasta 12 millones de niñas podrían haber sido abortadas desde 1984 en la India. El censo preliminar del país de 2011 confirma que crece el rechazo contra las niñas. La diferencia entre niños y niñas menores de seis años es hoy de 7,1 millones. En 2001 era de seis millones y 4,2 millones en 1991. El feticidio se produce especialmente cuando se trata del segundo embarazo y el primer hijo ha sido niña.

El distrito de Jahjjar, en el norteño estado de Haryana, muestra el peor registro del país, con 774 niñas por cada 1.000 varones. En el colegio Dhilsen, en Jahjjar, hay muñecos, libros y muchos niños, pero apenas hay niñas. En una de sus clases Kamla es la única fémina de 13 alumnos. Enfrente, Asha comparte aula con 25 chicos y 5 chicas. De 324 estudiantes, menos de un cuarto son niñas. Que la actual Miss India proceda de esta zona desafía todas las estadísticas.
Mayor prosperidad, menos niñas

Contra todo pronóstico, la prosperidad económica y el aumento de los niveles de educación favorecen la eliminación de niñas. El estudio muestra que los abortos selectivos son más comunes en familias de clase media o alta que en grupos sociales más desfavorecidos. Los prósperos estados del Punjab, Haryana y Gujarat lideran el macabro ranking de desaparición de niñas. «La mentalidad acerca de las niñas no ha cambiado a pesar del progreso económico en la India», afirma Gita Aravamudan, autora del libro «Hijas desaparecidas». «Hablamos de un crimen de la clase media. Tienen familias más pequeñas y quieren varones a toda costa. Con cada nueva tecnología es más fácil eliminar a las niñas y la clase media es la primera que tiene acceso a ella, especialmente a las ecografías».

Aunque el Gobierno indio prohibió en 1994 que se informase a los futuros padres del sexo del feto, por unos pocos euros un médico le dirá si espera una princesa o un guerrero. En ocasiones el paquete incluye el aborto si la ecografía muestra la imagen de una niña. «Gaste ahora 3.000 rupias y ahorre 300.000 mañana» es el eslogan de una industria ilegal que genera 170 millones de euros anuales. Las 300.000 rupias hacen referencia a la dote a pagar a la familia del novio en el matrimonio. De nuevo tradición y modernidad, esta vez en la forma de consumismo, conspiran contra las mujeres. Las exhorbitantes dotes que exige la familia del novio —coches, pisos y joyas— convierten a la mujer en una carga económica. La religión también desempeña su papel. El ritual hindú establece que debe ser un hijo varón el encargado de encender la pira funeraria. El camino a la reencarnación requiere de un niño.

A los feticidios selectivos hay que añadir el descuido deliberado hacia las niñas. La tasa de mortalidad entre las niñas indias es 40% más alta que en los niños, según UNICEF. La idea de que una hija es «plantar una semilla en el jardín del vecino» —ya que en el matrimonio pasa a formar parte de la familia del marido— conduce a que las niñas sean peor alimentadas y reciban menos cuidados médicos.

La justicia se muestra especialmente inefectiva en la lucha contra este crimen. De 800 casos judiciales que se han presentado contra médicos que han ofrecido servicios de determinación del sexo y abortos selectivos, solo 55 han sido condenados. «Las leyes no se cumplen porque aquellos que deben aplicarlas no creen en ellas», afirma Mithu Khurana, la primera mujer en Delhi en denunciar a un médico y a su familia política por intentar obligarla a abortar. «Mi marido y su familia me engañaron para que me hiciese un escáner. Cuando descubrieron que esperaba gemelas hicieron todo lo posible para que abortase. No me alimentaban. Tuve que huir de casa», explica la pediatra de 32 años, mientras sus dos gemelas, Guddu y Pari, hoy con cinco años, juegan a su alrededor. La denuncia, que continúa en los tribunales, la ha postergado al ostracismo social. «La sociedad en la que vivo considera que la víctima es mi ex marido porque no le he dado hijos varones».
Escasas y demandadas

El premio Nobel Amartya Sen alertó en 1990 de la desaparición de 100 millones de mujeres en el planeta, más que todos los hombres muertos en las guerras del siglo XX. La situación ha empeorado desde entonces. El «generocidio» se repite en China, Georgia, Armenia, Corea del Sur y Azerbaiján. En los próximos 20 años en China e India, que representan casi un tercio de la población mundial, los hombres superarán entre un 10% y un 20% a las mujeres.

Se podría pensar que la escasez de mujeres mejoraría su estatus. No es así. Los crímenes se han duplicado en China en las dos décadas en las que ha crecido el desequilibrio entre géneros. Los secuestros y el tráfico de mujeres están al alza, igual que las violaciones y la prostitución. Los expertos alertan de que el patrón se repetirá en la India.

Shivani, que a sus 25 años fue comprada hace tres y tiene un hijo y una hija, sufre cada día los excesos machistas de la sociedad india. «Me tratan como una mula. Paso todo el día trabajando y si me quejo mi marido y su familia me dan palizas». Procede de Bengala y fue traída a Hosnida, en el estado de Uttar Pradesh, a 70 kilómetros de Nueva Delhi. En el pequeño pueblo agricultor de 6.000 habitantes se cuentan ocho mujeres que también han sido compradas de estados como Bengala, Bihar u Orissa. Unos 150 hombres no encuentran esposa en un pueblo con un ratio de 836 niñas por 1.000 niños. Es previsible que traficantes y familias continúen vendiendo mujeres en la zona. Mujeres que casi preferirían no ser mujeres.

Fuente: http://www.abc.es/

Source: Junio 2012