Centroamérica: Una cotidianidad escandalosa

Centroamérica: Una cotidianidad escandalosa

En Centroamérica existen varias ‘epidemias’: la violencia de género, los abusos sexuales y la mortalidad materna

Bilbao. Mortalidad materna, violencia machista, abortos clandestinos, embarazos adolescentes, estigmatización, discriminación, desprotección, exclusión. Esa es la realidad en la que viven cada día miles de mujeres centroamericanas, situaciones con las que trabaja Medicus Mundi Bizkaia con un objetivo: que de cotidianidad pasen a ser excepción. Para avanzar en este sentido, la organización busca fortalecer los sistemas de salud públicos y lograr que brinden una atención basada en derechos humanos y en la multiculturalidad de sus sociedades. “En general, los sistemas de salud de Centroamérica están desarticulados. Los servicios en general, y de salud sexual y reproductiva en particular, son muy precarios. Y es una precariedad que muchas veces no tiene solo una justificación de la pobreza”, explican Sergio Irazola y Mirella Melgar, coordinadores regionales del convenio de salud sexual y reproductiva que Medicus Mundi en Centroamérica. Violencia machista

Una lacra cotidiana

La región cuenta con una dramática realidad: la de la violencia machista. “Es uno de los elementos que está ninguneado, en la clandestinidad de los sistemas públicos de salud. Cuando llega una mujer víctima de violencia de género es diagnosticada como un traumatismo, por lo tanto no se articula con el sistema de justicia y se pierden todas las posibilidades de denuncia”, señalan Melgar e Irazola. Medicus Mundi trabaja en Guatemala con la organización Nuevos Horizontes, que cuenta con una casa refugio en Quetzaltenango donde atiende a las mujeres tanto física como psicológicamente, y hace un acompañamiento legal de sus casos. Ambas organizaciones impulsan la creación de un sistema de información en los centros de salud que se articule con el sistema de justicia, y ya han conseguido firmar un convenio con las autoridades.

Pero además de lograr que se denuncien los casos, Jorge Irazola y Mirella Melgar hacen hincapié en la necesidad de que el Estado dé prioridad a esta problemática y brinde protección a estas mujeres. “¿Cómo denuncias si no hay nadie que te proteja?”, cuestionan. “El tema es cómo se da seguimiento a esa denuncia y qué pasa con la mujer mientras tanto. El problema, para mí, es de Estado, que es un estado que ha sido destruido”, apunta Irazola. “Las casas refugio dan atención primaria a las mujeres, pero es una situación temporal, en paras el golpe, pero después la mujer queda absolutamente desprotegida”, continúa el responsable de Medicus Mundi.

Uno de los grandes problemas actualmente es que no se hace distinción entre la violencia común y la de género. “Ante esto hay una respuesta policial y eso no es suficiente”. A veces, ni eso, ya que la impunidad sigue siendo lo habitual en Centroamérica. Por ejemplo, en El Salvador, menos del 10% de los crímenes son resueltos. “Esto es por carencias del sistema de investigación, porque muchas veces está colapsado o porque es corrupto. La región, además, está teniendo un fuerte incremento del narcotráfico, en el caso de Guatemala es muy obvio. Se están construyendo poderes paralelos a los del estado o propiamente del estado ligados a los cárteles. Hay mucha impunidad y también la impunidad es la negligencia de un estado que está desestructurado y en el que la precariedad es la norma”, explican.

En el caso de la violencia machista se traduce en una desconfianza absoluta hacia las autoridades. “Hay desconfianza hacia el sistema policial, no hay protocolos establecidos para atender a una mujer víctima de violación, por ejemplo. Lo hacen los propios hombres policía con una sensibilidad bajo cero. El por qué no se denuncia se puede entender perfectamente, por eso es muy importante el trabajo que hace Nuevos Horizontes, porque después de la denuncia, nunca se deja sola a la mujer”, continúan. A esto hay que añadir la violencia patrimonial, que se traduce en la dependencia económica de la mujer hacia su marido.

Mortalidad materna

Vivir en zonas rurales

Las tasas de mortalidad materna de Guatemala son las más altas de la región. “Es una catástrofe y es una negligencia por parte de un Estado, porque eso debería ser algo puntual y es la norma, sobre todo, en las zonas rurales”, explican los coordinadores de Medicus Mundi. La mujer guatemalteca muere por cuatro causas: porque se detectan tardíamente problemas durante el embarazo y cuando se lleva a la mujer al centro de salud ya está crítica; por cómo se organiza la comunidad para llevarla a ese centro, ya que en la mayoría de los casos no cuenta con medios; por la infraestructura del propio centro sanitario, y por los recursos de los que dispone el hospital. “En esos cuatro caminos es donde se produce la mortalidad materna, nosotros trabajamos en los dos primeros, en la detección rápida de complicaciones en el embarazo y en el traslado al centro de salud u hospital”, explica Irazola.

Asimismo, Medicus Mundi trata de que los sistemas de salud públicos reconozcan la multiculturalidad de las sociedades centroamericanas, un tema que se hace más evidente en Guatemala, donde un 80% de la población es de origen indígena. La organización vizcaina trabaja con una asociación de comadronas de salud -“el elemento nuclear en el parto dentro de la cosmovisión maya”-, promoviendo que sean reconocidas por el ministerio de Salud. Dado que las mujeres mayas dan a luz con la ayuda de estas parteras, se busca que exista una coordinación con el ministerio y los sistemas de salud para que el parto cuente con todas las condiciones de seguridad.

Multiculturalidad

La diversidad centroamericana

Esta multiculturalidad también está presente en Honduras, por ejemplo, en la costa atlántica, donde vive la población garífuna o negra. Ahí también se dan situaciones de discriminación. “Las propias consejerías que se dan en los centros de salud no se dan en garífuna, no se tiene en cuenta la visión que tienen de la sexualidad, que puede ser mucho más abierta en pensamiento y planteamiento de que la que tiene la población indígena o criolla. A veces, hablar de sexualidad puede ser considerado como un signo de promiscuidad en algunos centros de salud”. De hecho, una coincidencia en todos los países centroamericanos es el abordaje de la salud sexual y reproductiva.

“Se construye una visión más de abordaje materno-infantil, la mujer como ente reproductivo, que ningunea la sexualidad”, explica Irazola. Debido a la visión de la sexualidad que tienen los garífunas, los estereotipos están a la orden del día, fomentados incluso por las autoridades: “Las vallas publicitarias sobre prevención de VIH sacan siempre como imagen a un garífuna”.

Aborto

Un tema tabú

En la región hay varios referentes en salud sexual y reproductiva, explican; “el primero es la Iglesia Católica, con una visión tradicional de la salud, pero también hay una sociedad civil, con las organizaciones de mujeres a la cabeza, que lucha por que haya un cambio, y con el tiempo también se ha convertido en un referente”. El componente religioso tiene un gran peso en estas sociedades, donde los abortos inseguros están a la orden del día. “Si quieres no entramos en aborto sí o aborto no, pero quiero que hablemos sobre las 12.000 mujeres que mueren anualmente en América Latina por abortos clandestinos. Este tema no se puede pasar de largo por tener unos principios morales”, increpa Irazola.

“Hubo un retroceso de los derechos sexuales y reproductivos obvio. Lo terrible del sí a la vida que firmaron los presidentes y candidatos centroamericanos, entre ellos personajes de izquierdas como el FMLN, es que se hizo porque si uno quiere garantizarse acceder al poder en Centroamérica, tiene que jugar con una parte de la sociedad en la que la religión tiene mucho peso”, manifiesta. Además denuncian una tendencia “hacia la agudización de la visión más fundamentalista de la región”. El primero en penalizar el aborto terapéutico fue El Salvador en 1997, y después se sumaron Honduras y Nicaragua.

Embarazos adolescentes

El incesto, habitual

Otro de los grandes dramas en Centroamérica es el del embarazo adolescente, lo que en la mayoría de los casos se convierte en la puerta a la exclusión. Entre el 30 y 40% de los embarazos son de mujeres de entre 10 y 19 años. “Además, casi la mitad de estos embarazos son niñas de menos de 15 años; hay violencia sexual y hay incestos con los que se convive con mucha normalidad. Desde el sistema de salud se deberían denunciar estos casos, pero la realidad es que no se hace. Es una epidemia en la región”, concluyen.

Fuente: http://www.deia.com/

Source: Junio 2012