Uruguay: El recurso de la pastilla

Uruguay: El recurso de la pastilla

El Misoprostol desplazó a las clínicas

Ir a una clínica a abortar ya no es la regla. Ese fenómeno parece tener, para los expertos, una explicación clara: las clínicas clandestinas, famosas hasta hace muy pocos años, han sido desplazadas no solo por acciones represivas, sino por la aparición de un nuevo método más práctico y algo más seguro. Y mucho más económico. Hoy se recurre al Misoprostol, una pastilla contra la gastritis que permite abortar de una manera menos peligrosa que una intervención quirúrgica en una clínica ilegal.

Desde 2007 no hay muertes por “aborto inseguro” en el Hospital Pereira Rossell y en el resto del país sucede lo mismo desde el año 2008 según Iniciativas Sanitarias, una asociación civil de profesionales de la salud que funciona en hospitales públicos y tiene como premisa la reducción de “riesgos y daños” sobre el aborto inseguro. Iniciativas Sanitarias presentará el 24 de marzo una publicación con sus resultados desde que nació en 2001. En ese libro, al que accedió Qué Pasa, se realiza un estudio sobre las 611 mujeres a las que el Servicio de Salud Sexual y Reproductiva del Hospital Pereira Rossell controló luego de que abortaran.

De ellas, el 90,7% abortó con Misoprostol, lo que llevó, incluso, a acuñar un término en la jerga de las emergencias médicas: el “misoprostolazo” .

La mortalidad materna por aborto representaba en 2001 el 27,9% del total en todo el país y el 47% en el Pereira. En los últimos años ha habido una “caída abrupta” de las complicaciones infecciosas y hemorrágicas, dice la publicación de Iniciativas Sanitarias.

Entre 2007 y 2009 el Servicio de Salud Sexual atendió a 2.361 mujeres que no querían continuar con el embarazo y buscaban asesorarse sobre cómo abortar. Apenas el 19% volvió a la consulta luego del primer asesoramiento.

Eso motivó un seguimiento telefónico, que muestra que el 55,4% de las usuarias finalmente tomó la decisión de abortar. Entre los motivos para hacerlo, el 39,6% planteó problemas económicos, el 38,6% argumentó que había “interferencia con el proyecto de vida”, el 12,3% la ausencia de una pareja, el 7,6% ya tenía “muchos hijos” y el 1% sufrió violencia sexual.

La directora de Iniciativas Sanitarias Ana Labandera dijo que las clínicas clandestinas “perdieron vigencia porque la mujer tiene servicios de salud sexual y reproductiva donde se le informa cómo autogestionarse el aborto con un método seguro como es el farmacológico a través del Misoprostol”.

Para el presidente de la Sociedad Ginecotocológica, Francisco Cóppola, es una suerte que “prácticamente haya desaparecido el aborto por intervención quirúrgica” porque eso evita las muertes.

El costo del Misoprostol es bajo en relación al aborto quirúrgico. El frasco con 28 grageas cuesta unos 5.000 pesos, pero se precisa una receta. En el mercado clandestino y en algunas farmacias se accede al medicamento en forma fraccionada. Para interrumpir un embarazo se necesitan cuatro grageas, que se venden a 3.200 pesos. Operarse en una clínica “confiable” costaba unos 1.000 dólares.

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SIN NUEVAS REDADAS policiales

Hace un año que la Policía no lleva a cabo operativos contra clínicas clandestinas, dijeron a este suplemento fuentes del Ministerio del Interior. En ese lapso no se han recibido denuncias. Una eventual reducción o desaparición de las clínicas se debe, según la Policía, a que varios responsables de esos establecimientos médicos fueron procesados más de una vez. No saben si hay vinculación con el Misoprostol. “No nos consta que haya clínicas abiertas”, dijeron en Orden Público.

Mercado
Ferias y web

Para comprar pastillas de Misoprostol hay que apelar al mercado clandestino o conseguir un médico que las recete, lo cual no es algo simple. Internet está repleto de sitios web donde se ofrece Misoprostol para poder abortar. En una de esas páginas web se indica: “Entregamos en mano, 100% original de laboratorio. No te arriesgues con productos adulterados”. En ferias como la de Piedras Blancas también se consigue Misoprostol, pero su origen suele ser dudoso. En 2007 la Policía desbarató una red que vendía el medicamento dentro del Hospital Pereira Rossell.

En el libro Entre el alivio y el dolor (Trilce) de Elina Carril y Alejandra López, dos activistas por la despenalización, se leen testimonios de mujeres que abortaron. Melina, que tomó Misoprostol, relata la experiencia que vivió en su hogar: “Me daba vuelta todo y me mareaba. La cabeza me daba puntadas, temblaba. Parecía una varita de mimbre, se me perdió toda la fuerza”. Valeria cuenta que se sintió “aliviada por la tensión” porque pudo “terminar con la situación”. Sara dice que “fue algo espantoso” y que “no volvería a hacerlo más”. 

Fuente: http://www.elpais.com.uy

Source: Marzo 2011