Aborto con medicamentos: socorro desde la web

Cada vez más mujeres que deciden interrumpir voluntariamente un embarazo en América latina recurren a un aborto con medicamentos y lo realizan en la intimidad de sus hogares, más allá de las restricciones legales que hay en cada país. Así lo hizo Gladys, una porteña treintañera, madre de tres hijos, que acaba de relatar su experiencia en www.womenonweb.org, el sitio que nació en Europa para ayudar a acceder a un

aborto a mujeres de países donde está criminalizado: les envían las píldoras por correo postal –si no las consiguen localmente– y les brindan supervisión “telemédica”, además de consejería, contención y apoyo de especialistas por e-mail. “Recibimos consultas de toda Latinoamérica, incluida Argentina, de mujeres que buscan un aborto seguro”, confirmó a este diario la portuguesa Cecilia Costa, a cargo, desde Lisboa, del vínculo con las mujeres de habla hispana.

 

Costa fue una de los doscientos participantes, entre ellas cuatro argentinas, que se congregaron durante tres días en la capital de Portugal para participar de la conferencia mundial del Consorcio Internacional por el Aborto con Medicamentos (ICMA, por su sigla en inglés), una organización que desde 2002 se dedica a la promoción del acceso a esta práctica y que ha desarrollado un paquete informativo para mujeres, profesionales de la salud y decisores políticos traducido en siete lenguas al que se puede acceder en www.medicalabortion consortium.org.

La cumbre en Lisboa reunió a activistas “por el derecho al aborto legal y seguro”, a investigadores y profesionales de la salud de 56 países de Europa, Asia, Africa, Oceanía y América. Página/12 fue el único medio presente. El impacto y la expansión del aborto con medicamentos en todo el mundo fueron los ejes del encuentro.

“El aborto con medicamentos ha transformado la gestión de esta práctica en contextos de ilegalidad. Por primera vez las mujeres disponen de un método seguro y eficaz, que puede ser suministrado por ellas mismas y no precisan intervención médica”, destacó en diálogo con Página/12 la peruana Susana Chávez, secretaria ejecutiva del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai), una iniciativa que reúne a integrantes de organizaciones de mujeres, investigadores y proveedores de servicios de la región. Es una de las cuatro redes que forman parte de ICMA.

“Mañana trabajo”

“Aborté ayer y acá estoy, un día después, contando mi experiencia para quien esté pasando por esto ahora. Sepan que Women on Web las va a ayudar y no se van a sentir solas”, contó Gladys en el sitio de la organización después de realizarse el aborto en su casa, unos días atrás. “Era lo que sentí que tenía que hacer. Ya tengo hijos y mis circunstancias personales me hicieron tomar la decisión”, escribió. “El servicio de ayuda en línea de Women on Web, que trabaja bajo la supervisión directa del médico, le ayudará cada vez que lo necesite”, se aclara en el site. Gladys está casada y vive en la ciudad de Buenos Aires. Se definió como cristiana. Dijo que sólo comentó su decisión con su marido, y que él la apoyó.

La entidad que gestiona el sitio, en la que trabaja la portuguesa Cecilia Costa, envía a los países donde el aborto no está legalizado ni la medicación indicada para la interrupción del embarazo. A cambio, pide una donación de un mínimo de 70 euros –unos 370 pesos– para poder mantener el servicio. A la Argentina demora en llegar el sobre entre 12 y 14 días. “Aunque sé que era lo que tenía que hacer, no deja de ser angustiante”, relató Gladys. Y siguió: “Women on Web respondió todos mis mails, la angustia y ansiedad esperando el paquete me hacían escribirles todos los días, y al instante recibía los mensajes tranquilizadores. Mañana trabajo nuevamente y tengo que hacer como si nada pasó. Espero que mi relato las ayude: hace quince días me ayudó a mí leer las historias de otras mujeres que pasaron por mi situación y fueron de gran ayuda”.

Drogas esenciales

El tratamiento que envía Women on Web combina dos drogas: misoprostol y mifepristona. La segunda no está autorizada en el país, pero sí en Estados Unidos y Europa. Por eso en Argentina como en el resto de América latina el fármaco usado para interrumpir voluntariamente un embarazo es el misoprostol. El aborto no punible a A. G., la niña de 15 años de Comodoro Rivadavia violada por su padrastro, que recurrió a la Justicia para poder terminar con esa gestación forzada, se realizó días atrás con medicamentos en un hospital público de la ciudad chubutense de Trelew.

El misoprostol se vende en las farmacias, con receta, bajo el nombre comercial de Oxaprost. Protege a quienes tienen úlcera gástrica de los efectos indeseables de los antiinflamatorios. Cada caja de Oxaprost trae 16 comprimidos y cuesta unos 230 pesos en el ámbito metropolitano. Sin embargo, en algunas ciudades más alejadas de la Capital Federal su precio puede llegar a 400 pesos o más. Pero las mujeres, muchas veces, no consiguen un médico que les haga una receta. Algunas farmacias “amigables” venden las píldoras por unidad. En el mercado negro se puede conseguir a 50 pesos o más cada pastilla. Se requieren alrededor de 12 comprimidos, según el caso. El sitio www.me dicalabortionconsortium.org publica las aclaraciones necesarias. También existe la línea 011-156-664-7070 denominada “Más información, menos riesgos” (ver aparte).

En realidad, el aborto con misoprostol es una técnica que se utiliza hace ya más de una década en la Argentina como en el resto de América latina, y hace unos veintes años que está disponible en Europa. El boca en boca permitió que las mujeres lo conocieran. “Es una tecnología revolucionaria que ha introducido un cambio significativo en el acceso al aborto seguro porque salva la vida de las mujeres y resguarda su privacidad”, coincidió la investigadora argentina del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes) Silvina Ramos, oficial de enlace de las cuatro redes regionales de ICMA. “Las mujeres deciden un aborto independientemente de las restricciones legales. En la Argentina se usa el misoprostol como en prácticamente todos los países de América latina”, apuntó. También participaron de la Conferencia las argentinas Mariana Romero, médica e investigadora del Cedes, y la ginecóloga Sandra Vázquez, del Servicio de Adolescencia del Hospital Argerich, de la Ciudad de Buenos Aires, donde se desarrolla un programa de consejería pre y posaborto dirigida a jóvenes que llegan con embarazos no deseados y manifiestan su decisión de no continuarlos.

“Es una realidad que el aborto con medicamentos se expande en la región. Si se observa cómo han evolucionado las ventas de misoprostol en América latina, se verá que han crecido notablemente y no creo que la gastritis haya aumentado mucho en nuestros países”, apuntó a este diario el peruano Luis Tavara, coordinador del Comité de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (Flasog). Existen unas 17 marcas de misoprostol comercializadas en América latina. Paraguay es el único caso en el que sólo se encuentra en forma clandestina. Hay también píldoras falsas que circulan en un mercado negro y además, se ofrecen por Internet y a través de correos electrónicos, como los medicamentos para las disfunciones sexuales, se comentó en el marco de la Conferencia de Lisboa.

“El misoprostol está incluido dentro del listado de drogas esenciales de la Organización Mundial de la Salud”, subrayó Tavara. La mifepristona también. Además de producir un aborto, el misoprostol tiene otros usos en obstetricia. De hecho, es muy utilizado en las maternidades argentinas.

La expansión del aborto con medicamentos está demostrando ser un mecanismo de acceso a una interrupción voluntaria de embarazo, una estrategia de reducción de daños, que las propias mujeres promueven ante la falta de políticas sanitarias que garanticen los abortos sin riesgo con la mejor tecnología disponible en países como la Argentina. Sacarlas de la clandestinidad es una responsabilidad del Congreso.

“Es una solución a la gran demanda”

El aborto con medicamentos no sólo se extiende en países donde el acceso al aborto está restringido. También en aquellos en los que la práctica es legal, como en la ciudad de México y en Portugal, bajo dos pilares: es una tecnología que disminuye los costos para el sistema de salud, al tiempo que le permite una mayor intimidad a la mujer con su decisión y el proceso de interrupción de la gestación.

El Distrito Federal mexicano legalizó la interrupción voluntaria de un embarazo (IVE) hasta la semana 12ª del proceso gestacional en 2007. Más allá de ese plazo también está permitido en determinadas circunstancias.

En diálogo con Página/12, el médico Patricio Sanhueza, coordinador de Salud Reproductiva de la ciudad de México, detalló a este diario cómo se está implementando la ley.

–¿Fue difícil que los médicos aceptaran llevar adelante abortos legales?

–Sí, fue difícil. Más del 80 por ciento se declararon objetores de conciencia. Finalmente, un 10 por ciento dijo que sí, que haría abortos. Y con ellos se empezó. El plantel se mantuvo más o menos estable en estos años.

–¿Por qué hay tanta resistencia entre los médicos?

–Es un tema complejo. Hay un sector que no quiere hacer abortos porque se declara católico, porque es religioso, y cree de verdad que está haciendo algo malo. Es válido. Hay otro grupo que no lo quiere hacer en el sector público pero sí lo hace en una clínica privada. El médico no se quiere ver expuesto públicamente, no quiere que se sepa que da servicios de abortos por la estigmatización, que es un fenómeno mundial en este tema. Es un tema tan álgido que la piedra angular para implementar un programa de este tipo es tener respeto por la decisión de la mujer y de los médicos. Los que entraron al programa son médicos muy sensibles, que han visto morir a mujeres pobres por abortos inseguros. Tenemos que pensar que el aborto es un último recurso. Lo principal es la prevención de los embarazos no deseados.

–¿Cuántos abortos realizan mensualmente en la ciudad de México?

–Alrededor de mil. Desde que se implementó la ley llevamos realizados 37 mil.

–¿Se practican con medicamentos?

–Sí, en la mayoría de los casos. La indicación es cuando el embarazo no supera las nueve semanas, que sea intrauterino, que la mujer no tenga alergias al misoprostol, que es la droga que usamos, ni problemas de coagulación. En estos casos la efectividad es del 85 por ciento. Se le suministra la medicación y el aborto se produce en la casa. Previamente las mujeres pasan por una consejería, con una trabajadora social o una enfermera, que les ofrece distintas alternativas: continuar con el embarazo, dar luego a la criatura en adopción, o abortar. Si no se produce el aborto, luego se le realiza la práctica en quirófano en el hospital. Tenemos una línea telefónica para que se puedan comunicar si tienen temores o dudas. El aborto con medicamentos es una solución a la gran demanda de los servicios. Es un procedimiento que no tiene contraindicaciones serias. El 80 por ciento de las señoras llega al servicio antes de las nueve semanas del proceso gestacional.

En Portugal los abortos no son punibles en casos de malformación fetal, si corre riesgo la salud física o psíquica o la vida de la mujer o si la gestación fue producto de una violación. En 2007, una reforma legal consagró el derecho a la interrupción voluntaria de embarazo, es decir, sin otro requisito que la voluntad de la mujer, dentro de las primeras diez primeras semanas de embarazo. El 76 por ciento de los abortos legales se realizan en hospitales públicos. Son unos veinte mil al año, según informó Duarte Vilar, director ejecutivo de la Asociación para la Planificación Familiar, de Lisboa, en el marco de la Conferencia de ICMA (ver nota central). La casi totalidad de los abortos se realizan con medicamentos, señaló.

Por Mariana Carvajal. Página 12

Fuente: http://miradaprofesional.com/

Source: Marzo 2010