Entrevista: por la igualdad de sexos

Hillary Clinton:
“Si no se dan más responsabilidades a las mujeres, no cumpliremos nuestros objetivos políticos”

Mark Lander

Hillary Rodham Clinton se aseguró su puesto como abogada de los asuntos de la mujer en todo el mundo en 1995, cuando, en calidad de primera dama, pronunció un apasionado discurso durante una conferencia de Naciones Unidas en Pekín. Como secretaria de Estado, ha insistido en que se creara un nuevo

cargo, el de embajador extraordinario para asuntos de la mujer en todo el mundo, y eligió a Melanne Verveer, su ex jefa de personal, para ocuparlo. Ha hecho que la atención se centre en las mujeres prácticamente en cada escala de sus viajes, la más reciente durante una visita de 11 días a África, durante la cual, entre otras cosas, fue a Congo a denunciar las violaciones masivas.

Horas antes de partir para ese viaje, Clinton habló de los problemas de la mujer y sobre la política exterior de Obama en su elegante despacho en el 35º piso del Departamento de Estado. Lo que viene a continuación es una versión condensada de la conversación.

Pregunta. En la audiencia para su confirmación en el cargo, usted afirmó que situaría los problemas de la mujer en el centro de la política exterior estadounidense. Pero como sabe, la igualdad de sexos no está aceptada como un derecho humano universal. ¿Cómo vence esa resistencia cultural tan profundamente arraigada?

Respuesta. Uno tiene que reconocer lo profundamente arraigada que está, pero también llegar a entender que si no se otorgan más derechos y responsabilidades a las mujeres, muchos de los objetivos que decimos que perseguimos con nuestra política exterior no se podrán alcanzar o bien será mucho más difícil alcanzarlos. La democracia no significa nada si la mitad de la gente no puede votar, o si su voto no cuenta, o si su tasa de alfabetismo es tan baja que el ejercicio de su voto se pone en duda. Resulta que yo creo que la transformación de los papeles de la mujer es el último gran impedimento para el progreso universal. En demasiados sitios y en demasiados aspectos, la opresión de las mujeres destaca como claro recordatorio de lo difícil que es desarrollar plenamente el potencial humano.

P. Siento curiosidad sobre las prioridades que va a establecer. ¿Se distinguirá la Administración de Obama por algún tema en concreto -el tráfico sexual, o la violencia machista, la mortalidad materna, o la educación para las niñas- del mismo modo que el virus del sida llegó a simbolizar la estrategia de la Administración de Bush?

R. El asunto que nos distingue es el hecho de que las mujeres y las niñas son un factor esencial de nuestra política exterior. Si se fija en lo que hay que hacer, verá que el problema en algunas sociedades es distinto del de otras. En algunas de las sociedades en que las mujeres se ven privadas de derechos políticos y económicos, éstas tienen acceso a la educación y a la atención sanitaria. En otras, puede que les hayan concedido el voto, pero siguen matando a las niñas que nacen. De modo que no se trata tanto de un programa en concreto como de una política. Si hablamos de nuestro programa sanitario mundial, la salud materna forma parte ahora del plan de la Administración de Obama.

P. ¿Tiene una opinión respecto a qué debería ser lo primero, si capacitar a las mujeres económicamente y luego esperar a que asuman una función política o tratar de darles más categoría legal y política y confiar en que logren hacerse un sitio en la esfera económica?

R. Ésa es una gran pregunta, porque creo que los antecedentes históricos prueban que ambas vías han dado resultado. Las mujeres no estaban especialmente capacitadas desde un punto de vista económico cuando por fin incluimos en nuestra Constitución el derecho de la mujer al voto. De modo que los derechos de la mujer se ampliaron en 1920, y eso abrió muchas puertas para que las mujeres se vieran en diferentes papeles, incluidos los económicos, fuera del hogar. India es una democracia desde hace 60 años, y amplió increíblemente el voto a todo el mundo, a todas las castas, a hombres y mujeres por igual. De modo que a las mujeres se les ha dado el derecho a votar, pero al no otorgárseles ningún poder económico, no han tenido la influencia que su voto debería haberles proporcionado, lo cual es la razón por la que el Gobierno indio ha insistido tanto en ampliar las oportunidades económicas y políticas para las mujeres.

P. Algunos expertos en la lucha antiterrorista han señalado que los países que albergan grupos terroristas tienden a ser las mismas sociedades que marginan a las mujeres. ¿Ve alguna conexión entre su campaña por los asuntos de la mujer y nuestra seguridad nacional?

R. Creo que la conexión es total. Parte de la razón por la que me he centrado en esto como secretaria de Estado es porque creo que afecta a nuestra seguridad nacional. Si se fija en los lugares en los que luchamos contra el terrorismo, existe una conexión con los grupos que se oponen a la modernidad, y donde eso se manifiesta de forma más evidente es en su manera de tratar a las mujeres.

P. ¿Qué relación tiene el que en Afganistán impidan a las niñas ir al colegio rociándolas con ácido y la lucha contra la opresión externa?

R. Es una proyección de la inseguridad y la desorientación que muchos de estos terroristas y sus simpatizantes sienten respecto a un mundo rápidamente cambiante, en el que pueden encender la televisión y ver programas en los que hay mujeres comportándose de forma que ni siquiera son capaces de imaginar. La idea de que las jóvenes en sus sociedades persigan un futuro independiente representa una gran amenaza para sus valores culturales.

P. Muchos de estos países en los que los abusos contra las mujeres son más frecuentes son también países que tienen una importancia estratégica vital para Estados Unidos: Pakistán, Arabia Saudí e India. ¿Cómo puede usted interceder activamente por las mujeres sin poner en peligro esas relaciones estratégicas?

R. Bueno, en varias de estas relaciones estratégicas existe el compromiso de defender las funciones y los derechos de la mujer. En India, los cambios que se han llevado a cabo son extraordinarios. Sigue habiendo decenas de millones de mujeres muy pobres, pero las mujeres han ido asumiendo cada vez más responsabilidades; se las ve en cargos públicos, y cada vez con más frecuencia en cargos económicos, en los que su importancia es aceptada por la sociedad.

Cuando me reuní con las autoridades chinas, como acabo de hacer durante el Diálogo Estratégico y Económico, entre ellas hay mujeres que forman parte de su equipo de líderes, y mujeres que están asumiendo papeles económicos y políticos cada vez más importantes.

Evidentemente, queda trabajo por hacer tanto en India como en China, porque la tasa de infanticidio de niñas recién nacidas sigue siendo abrumadoramente elevada y, desgraciadamente, gracias a la tecnología, los padres pueden usar las ecografías para saber el sexo del bebé y abortar el nacimiento de una niña simplemente porque prefieren tener un niño. Y ésas son actitudes profundamente arraigadas. Pero en el plano gubernamental, se observa una gran cantidad de apertura y compromiso.

En otras sociedades en las que tenemos intereses de seguridad estratégicos, el defender nuestro programa de forma que incluya los problemas de la mujer supone un desafío. Cuando llevamos a cabo nuestro análisis estratégico de Afganistán, dijimos muy claramente que no podíamos serlo todo para toda la gente en Afganistán. Tenemos que centrarnos en unos cuantos problemas críticos. Pero uno de ellos era el papel de la mujer, y la participación de la mujer en la sociedad.

P. ¿Se podrían haber empleado mejor en educación y en atención sanitaria para niñas y mujeres algunos de los miles de millones de dólares que Estados Unidos ha invertido en ayuda militar a Pakistán desde el 11-S?

R. Sí. La respuesta es que sí, y en mis reuniones con el entonces presidente Musharraf en 2003, 2005 y 2007, también en este país, lo planteé todo el tiempo.

Recuerdo que cuando estuve en Pakistán como primera dama, visité una aldea que estaba a unos 45 minutos de Lahore y nos reunimos con un grupo de madres y abuelas de la aldea. Y tenían muchas ganas de tener una escuela secundaria para sus hijas, como la que había para sus hijos.

Y cuando pienso en todos los paquistaníes tan extraordinariamente brillantes en sus profesiones, en el campo de la medicina, en el de la enseñanza, creo ciertamente que si Pakistán hubiese invertido más en la educación de los niños de modo que las familias pobres no hubieran tenido que mandar a sus hijos a que fueran educados por extremistas, las cosas habrían sido muy diferentes. Y todavía pueden serlo, porque ése es parte de nuestro planteamiento ahora.

P. Porque también es una cuestión de cómo empleamos nuestros recursos.

R. Tiene razón, y con las leyes Kerry-Lugar/Berman que proporcionan ayuda para esta clase de fines en Pakistán, esperamos recuperar el tiempo perdido. (Estos proyectos de ley del Senado y la Cámara de Representantes están siendo ultimados actualmente en el Congreso).

P. La violencia sexual es un problema enorme en gran parte de África y, como sabe, en lugares como Congo la violación es un instrumento de guerra. ¿Cómo puede usted, u otro, luchar contra eso?

R. Ni el presidente Obama, ni yo, ni Estados Unidos, vamos a tolerar que continúe esta violencia sin sentido, irracional y brutal perpetrada contra niñas y mujeres. No sabemos qué podemos hacer exactamente, pero vamos a conceder algunas ayudas y a aportar algunas ideas sobre cómo organizar mejor a las comunidades para que puedan hacerle frente. Vamos a sembrar la alarma porque todo esto no es meramente algo inesperado e irracional.

Estas milicias que perpetran muchas de estas violaciones y otros ataques espantosos contra las niñas y las mujeres están bien pagadas, u obtienen recompensas por vigilar las minas. Esas minas, que son unos de los grandes recursos naturales de Congo, producen muchos de los materiales que se utilizan en nuestros teléfonos móviles y en otros aparatos electrónicos. Hay decenas de millones de dólares que van a parar a estas milicias y que, de hecho, se traducen en una sensación de impunidad que luego se aplica contra los miembros más débiles de la sociedad.

El embajador para crímenes de guerra, Steve Rapp, se distingue por ser uno de los primeros fiscales internacionales que ganó un caso de violencia machista y quise que él concretamente asumiese esta función porque quiero hacer hincapié en este problema.

P. He asistido con usted a unos cuantos acontecimientos en el extranjero relacionados con la mujer en los que los hombres del público se distraen con sus BlackBerry o se echan una siestecita al cabo de pocos minutos. ¿Cómo puede usted cambiar esta actitud no sólo en el extranjero sino también en nuestro país y en este mismo edificio, que tiende a ver los temas de la mujer como un gueto rosa?

R. Exponiendo los mismos argumentos que estoy exponiendo aquí, que los denominados asuntos de la mujer son asuntos de estabilidad, asuntos de seguridad, asuntos de igualdad. Los análisis del Banco Mundial y de muchos otros han mostrado una y otra vez que en los lugares en los que se maltrata a las mujeres, en los que se les niega la igualdad de derechos, observamos una inestabilidad que a menudo sirve de incubadora del extremismo.

Una mujer que se siente lo suficientemente segura en su vida como para invertir en sus niños y enviarlos al colegio no va a tener un número tan elevado de hijos. Las disputas por recursos como el agua y la tierra disminuirán. Todo guarda relación. Y es cuestión de cómo empleamos lo que se ha dado en llamar poder duro y poder blando para defender no sólo los fines de Estados Unidos, de modo que al defender el progreso mundial, estemos haciendo que el mundo sea más seguro para nuestros hijos.

P. El mes pasado en Delhi una joven le planteó una pregunta interesante: ¿cómo ve usted el avance de la mujer en India y en Estados Unidos? La joven señaló que, en tres décadas de independencia, India ha elegido a una mujer como primera ministra, mientras que Estados Unidos todavía no ha elegido a una mujer como presidenta. ¿Aprendió durante su campaña electoral alguna lección que puede trasladar a las mujeres de otras partes del mundo?

R. Bueno, ya me ha oído hablar de esto en muchos sitios, desde Japón hasta Corea del Sur, pasando por India y Latinoamérica (risas). Es una de las preguntas que me hacen con más frecuencia, junto con la de cómo puedo ahora trabajar con y para el presidente Obama, después de habernos enfrentado tan duramente durante la campaña. Está claro que las jóvenes piensan en ello. Y lo encuentro interesante y gratificante a la vez.

Por muchos millones de razones, mi campaña dio mucho ánimo a muchas jóvenes. Los comentarios que más me hace la gente siguen siendo: “Su campaña me infundió valor” o “su campaña cambió la vida de mi hija” o “volví a estudiar gracias a su campaña”. De modo que es un asunto pendiente y las jóvenes saben que es un asunto pendiente. La inmensa mayoría de ellas nunca se presentarán como candidatas a ocupar un cargo político en ningún país, pero puede que decidan hacer una carrera que su familia no aprueba, o irse a vivir a otro lugar por un trabajo que les asusta un poco, pero para el que se consideran capacitadas. O, ya sabe, ponerse en pie y denunciar cualquier injusticia que vean. Es una oleada que no hace más que crecer. Y es imparable. –

Traducción de News Clips. © 2009 The New York Times.

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Source: Noviembre 2009