El aborto, el niño y el lince

Que cada mujer decida cuándo y cómo desea ser madre

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VICTORIA RODRÍGUEZ  Cuando una ve la foto del niño que pregunta por su vida en el cartel propagandístico de la Iglesia católica contra el aborto, una se reafirma en su convencimiento de que todo se puede manipular. La madre de ese niño nacido claro que no abortó. ¿Cómo ese cándido niño puede reclamar una vida que ya tiene? ¡Pobre lince! Muchos le cogerán manía por ser utilizado para ese anuncio.

Cuando veo la foto del niño recuerdo la de un niño de 8 o 10 años, rubio y gordito, que se suicidó en Nueva York porque se sentía culpable de los abusos que un sacerdote católico había ejercido en él. ¿Quién no defiende la vida de un niño nacido? No hace falta ser católico para pagar impuestos con gusto para que ningún niño muera por falta de una vacuna, de agua o de pan. ¿Cuántos niños nacidos sanos y fuertes mueren en este mundo por falta de alimentos? Millones de ellos. Sufren días y días hasta que su vida termina por falta de alimento. ¿Por qué la Iglesia católica no vende patrimonio e intenta evitarlo, o al menos paliarlo? Una bellota no es una encina, ni un roble. Un feto de semanas no es un niño. Una mujer es una vida, su feto no. Que cada mujer decida cuándo y cómo desea ser madre y las que por no tomar medidas preventivas quedan embarazadas y deciden abortar, que no sean perseguidas como delincuentes. Que la ley dé cobertura legal y la asistencia sanitaria necesaria al aborto. La Iglesia católica debe recordar a sus creyentes que abortar es pecado, un delito en su religión. Lo que sucede en esa religión es que la que aborta no lo paga con la cárcel y, si te arrepientes, ni con el sufrimiento.

Fuente: lne.es

Source: Abril 2009