El Aborto Intelectual

El desarrollo de las ideas y el debate público del país, son propios del siglo pasado. Por Hermann Mondaca

Escrito por Hermann Mondaca Raiteri

La sociedad chilena a nivel del desarrollo de las ideas tiene la fisonomía de un adolescente desnutrido.

En efecto la polémica reciente desatada a nivel nacional en relación a las palabras del ex presidente y senador Eduardo Frei en cuanto a que es necesario debatir el tema del aborto terapéutico, vuelve a demostrar una vez más, que el desarrollo de
las ideas y el debate público del país, es propio del siglo pasado.

Este estado de postración de las ideas y del debate público tiene como responsables a los propios actores políticos democráticos por un lado y al férreo fundamentalismo de una derecha conservadora en el pensamiento y liberal en la economía, por otro.
Entremedio la sociedad civil está atrapada, ahogada y sin voz.

¿De qué estamos hablando? El aborto terapéutico es provocado con la intención interrumpir el embarazo, en distintos contextos sociales y legales, con o sin asistencia médica. En el mundo se estima que anualmente cuarenta y seis millones de mujeres recurren al aborto inducido para terminar con el embarazo no deseado, de estos la mitad se considera abortos inseguros, en donde la vida de
la mujer suele estar en grave peligro. Se estima que el aborto inseguro es la causa de muerte de unas 600.000 muertes maternas cada año. El aborto terapéutico puede ser inducido de muchas maneras y la elección depende del desarrollo del embrión o feto, de la salud de la madre, del contexto socioeconómico y especialmente del acceso a los servicios médicos y de los límites puestos por la legislación, entre otros factores.

En Chile existió una disposición legal que permitía en casos fundados por un equipo médico proteger la vida de la madre e interrumpir el embarazo; esta disposición legal estuvo vigente desde 1931 hasta 1989, fecha en que la dictadura militar prohibió de manera tajante y absoluta poner fin a cualquier embarazo, por
cierto sin discusión ninguna.

Sin duda aquello ha sido efectivo solo para las mujeres de condición económica pobre, pues es un secreto a voces que las mujeres que poseen recursos económicos lo realizan privadamente y en condiciones médicas óptimas. No es menor constatar que en el país se reconocen cerca de los 250.000 abortos al año y estos abortos son transversales socialmente hablando.

Entonces la pregunta que cabe hacerse ¿es necesario poner éste y otros temas más en la discusión pública? ¿Qué piensan y opinan las organizaciones de mujeres al respecto? ¿Es que las mujeres no tienen derecho de decidir sobre su propio cuerpo para interrumpir un embarazo cuando su propia vida esta en riesgo? ¿Por qué hay sectores que no desean el debate público y se amparan en fundamentalismos ideológicos y religiosos? De donde viene el miedo al debate público? Parece que la razón fundamental radica en la fragilidad de estas posiciones ortodoxas y conservadores que solo subsisten en un marco autoritario o de cierre o cerco medial de los temas de debate.

¿Por qué la sociedad ha de seguir aceptando que las decisiones de la vida humana y en particular de la vida de las mujeres siga dependiendo de esta anquilosada visión patriarcal, machista y de fundamentalismos religiosos que priman en la actualidad en nuestro país y aparecen como dominantes?

No solo dominan la totalidad de la economía y del mercado, no solo reciben las máximos prebendas del Estado para el impulso y desarrollo del neoliberalismo, sino que además levantan sus ideas a nivel de “principios intransables” como expresa el candidato de la derecha Sebastián Piñera, surgen como los censores temáticos de qué puede discutir la gente y de qué no se puede hablar.

Son portadores de una censura temática que se oficializa a través del poder económico y el control de los medios de comunicación que actúan como replicantes, y de la cual en la mayoría de los casos son sus dueños y se produce un cierre de censura fáctica en la cual los actores sociales no poseen voz. Su fundamento es que esto se resolvió, como muchas cosas, en el periodo de la dictadura.

El silenciamiento de estos temas le hace un mal enorme a esta débil democracia con corsette autoritario, que se ha construido en estos 18 años de transición y de transacción de los valores libertarios y progresistas.

El silenciamiento solo contribuye a que la sociedad civil ceda terreno ideólogo cultural en todos los ámbitos a los sectores económicos dominantes. Así ocurrió con la píldora del día después que enterró más de cincuenta años de políticas públicas en salud en el país.

Estos momentos son particularmente importantes para que surja la voz de la sociedad civil e influya e influencie al propio mundo político ampliando y conquistando los espacios comunicacionales desde los distintos medios electrónicos, radio, prensa escrita e incluso la cerrada televisión.

Solo en la medida que construyamos una sociedad civil sólida, influyente y autónoma del Estado y del mercado, avanzaremos en construir una democracia sólida, estable y participativa.

El economista y multimillonario George Soros, señala que las grandes amenazas para la democracia ya no son ni el comunismo, ni el fascismo, sino lo que el llama “los fundamentalistas del mercado”, para quienes la expansión económica es un fin en si mismo, siendo el arquetipo de quienes justifican el sacrificio de la democracia y el pluralismo para lograr estos fines. Soros afirma que el resurgimiento del capitalismo laissez-faire, con su tendencia a monopolizar el poder y portadores de concepciones conservadoras, son la principal amenaza de la “sociedad abierta”,
en donde las animosidades morales, sociales o religiosas pueden ser diluidas al darle acceso al libre flujo de las ideas a las distintas ideologías y puntos de vista.

Todo lo contrario a los propiciadores del aborto intelectual de la sociedad chilena.

Fuente: elmorrocotudo.cl

Source: Marzo 2009